Amor & amistad.

 

Capítulo uno – Una pelea.

 

Estaba oscuro, frío y silencioso. Tenía los dedos de las manos y de los pies entumecidos a causa del frío. Casi no podía moverme.

 

Ya era tarde y había discutido con mi mejor amigo. Éramos amigos, puede decirse que desde antes de haber nacido, nuestras madres se habían sido compañeras de la primaria y la secundaria, siempre juntas. Vivían una al lado de la otra, conocieron el mar juntas, se casaron el mismo día y bueno nos tuvieron a mi y a Jerry. También como ellas pasábamos todo nuestro tiempo pegados uno con el otro, era muy raro vernos separados.  Pero ahora me encontraba caminando sola de regreso a mi casa desde la fiesta de Mary.

 

La chica nueva y más deseada del colegio era alta y esbelta, tenía el cabello largo y rubio. Siempre usaba ropa de última moda y todos los chicos del colegio incluido Jerry, mi mejor amigo, estaban a sus pies, como si fueran sus súbditos.

 

El jueves había sido su cumpleaños pero como al otro día teníamos clases ella decidió festejarlo el viernes en su súper mansión. Invito a toda la clase y ala mitad del colegio que ella consideraba digna de presenciar su fiesta de 18 años.  Yo estaba entre esa mitad, Jerry estaba un poco más arriba mío, eso no me molestaba en lo absoluto.

 

El estaba muy ansioso por la fiesta, sabía que Mary le tiraba onda y pensaba que en la fiesta sucedería algo. Pero yo sabía que no era verdad, sería mi sexto sentido femenino, la intuición, la que me decía que Jerry saldría lastimado.  Se lo comenté, le dije lo que pensaba pero él no me escucho. Me dijo que  solo estaba paranoica, que Mary era buena persona, yo sabía que era todo lo contrario.

 

Nos recibió a la fiesta con fingida gratitud. No estaba a gusto en ese lugar, había toda clase de gente pero gente con clase. Al entrar me quedé en un rincón observándolo todo desde la comida que ofrecían los camareros hasta la decoración de la habitación.

 

Jerry había desaparecido al cruzar la puerta, yo suponía que había ido a alardear con sus amigos. Me sentía sola, había rechazado las dos invitaciones para bailar que recibí en la noche, no estaba de ánimos.

 

 Ya era la medianoche y quería marcharme. Me levante del cómodo sillón cómodo en el que había pasado la noche y comencé a buscar a Jerry. Me fijé en la barra, no estaba, busqué en el pequeño living que estaba junto a la pista de baile, tampoco ahí lo encontré, pero si vi a la cumpleañera besando a uno de los chicos de la escuela o  eso creía ya que nunca lo había visto antes. Parecían estar peleando por entrar uno en la boca del otro, me pareció desagradable, me dí la vuelta y seguí mi búsqueda.

 

No lo encontré por ningún lado. Pase junto al tocador de damas, decidí entrar simplemente para mirarme al espejo. Cuando salí me encontré a Jerry, estaba en un pasillo algo pequeño comparado con el tamaño del resto de la casa. Jerry no estaba solo si no que estaba con una chica, era Mary. La misma Mary que había visto hacía unos segundos, peleando bucalmente con otro chico. La mire con despreció, nunca pero nunca me había caído bien y ahora menos. Me acerque a ellos y tire del brazo de Jerry para llevarlo conmigo.

- ¿Qué haces? – gritó este confundido y algo enojado.

- ¿Es que no te das cuenta? – pregunto casi gritando.

- ¿Cuenta de qué? De lo único que me doy cuenta es que me acabas de interrumpir el mejor momento de mi vida – me gritó Jerry.

- ¿El mejor momento de tu vida? – repetí – lamentó arruinarte tu mejor momento pero Mary no es para ti.

- ¿Y tu qué sabes lo que es bueno para mi? – pregunto Jerry más enojado que antes.

- La vi besándose con un chico unos segundos antes que a ti – le dije todavía tranquila.

- Mientes – contestó dándose la vuelta.

- Sabes muy bien que yo no te mentiría nunca – le dije algo triste porque no me creía.

- Solo dices cosas en contra de Mary por que no te cae bien – me gritó y se dio la vuelta para volver por el pasillo junto a Mary.

Capítulo dos – Dos desconocidos.

 

El estaba con Mary haciendo quien sabe que y yo estaba llorando sola en una calle que ni el nombre sabía. Estaba muy agitada y tenía miedo, no sabía si era miedo a la oscuridad del lugar o miedo a perder a mi mejor amigo. Se que peleamos por una estupidez pero esa era la razón de mi miedo: ¡nosotros nunca peleamos!

 

¿Es que tanto puede cambiar un chico en una noche? Me apoyé contra la pared más cercana que encontré, debía pensar- Había corrido casi tres cuadras para escapar de la fiesta y ahora no sabía ni como volver a mi casa y tampoco regresaría a la fiesta.

 

Escuché ruidos, no eran ruidos cualesquiera, si no que era el ruido que producía la suela de un zapato al rozar con el piso de la calle. Miré a todos lados, nada, ni siquiera una sombra. Me separé de la pared y volví a mirar a ambos lados de la calle, esta vez si vi una sombra. Había un hombre parado o eso intentaba, a un lado de la calle. Volteé la cabeza hacía el otro lado para ver si cabía la posibilidad de salir corriendo.

 

Estaba todo oscuro, no había ninguna luz, como mucho podía ver hasta la esquina. Miré otra vez, en dirección al hombre, cada vez estaba más cerca mío, caminaba tambaleándose parecía borracho.

 

- ¡Eh! ¡Linda! – me gritó – ¡Veni hermosa! – me llamó.

 

Me sentía aterrada ya no sabía que hacer, tenía al sujeto casi enzima mío, opté por correr. Miré para el lado oscuro de la calle y comencé a correr lo más rápido que me daban las piernas. No sabía a donde iba y por el momento no me importaba. Solo quería escapar del hombre. Agudicé el oído y sentí las pisadas de tras de mi, ¡el hombre me seguía!

 

¿Qué tenía que hacer correr hasta caer? ¿Dejarme agarrar por aquel extraño? ¿O qué?

 

Casi estaba por llegar a la tercer cuadra cuando vi que una puerta se abría ¿Tenía esperanzas de escapar de un loco borracho o iba a pasar yo por loca al meterme en la casa de un desconocido?

 

No lo pensé y me metí a la casa y cerré la puerta de un golpe, asustada. Cuando me di la vuelta para observar donde me había metido vi que un chico, más bien un hombre joven, me miraba. Estaba tan asustada y angustiada que no podía hablar.

 

Me deje caer en el suelo, contra la puerta mientras lloraba. Aquel extraño, dueño de la casa se arrodillo a mi lado o eso me pareció.

 

- ¿Estas bien? – me pregunto, parecía confundido y algo preocupado - ¿Necesitas ayuda?

 

Levante la vista, y negué levemente, tenía todos los ojos hinchados por el llanto. Se levantó y se fue por una habitación cercana. Me abrasé las piernas llorando. Volvió con un vaso de agua, me lo ofreció.

 

- Toma.

- Gracias – contesté con la poca voz que tenía y tomé el agua. Esperó a mi lado y cuando notó que ya estaba más tranquila me hablo.

- ¿Estas bien? ¿Sucedió algo afuera?

- Si, un hombre me perseguía – respondí con un hilo de voz.

- ¿Quieres que llame a la policía? – me consultó.

- No – dije, seguro que el hombre ya se había ido – lo siento, no quería que esto pasará – no tenía palabras para disculparme y explicar lo ocurrido.

- Esta bien no te preocupes – dijo el chico al parecer sabía como me sentía yo en ese momento – solo intenta calmarte y después me contas, veni – me tendió la mano – vamos al sillón vas a estar más cómoda.

 

Lo seguí y me senté junto a él en el sillón, me sentía como una estúpida, todavía seguía llorando y sentía una vergüenza terrible por haber entrado en la casa de un desconocido para pedir ayuda. Me levanté del sillón al darme cuenta de eso, había salido corriendo para zafarme de un desconocido y ahora estaba en casa de otro desconocido.

 

- Yo no te conozco, debo irme – dije desesperada había entrado en pánico otra vez.

- Cálmate, por favor, no pienso hacerte nada – dijo él, parecía sincero. Me volví a sentar junto a él.

- Disculpa, la verdad ya no se en quien confiar – confesé.

- Solo descansa y tranquilízate. Cuando quieras me contras lo que paso – dijo el chico, lo miré atentamente ya que con el susto ni a los ojos lo había mirado. Estaba mirando para otro lado pero seguro que sentía mi mirada sobre su espalda.

Capítulo tres – Sabemos tanto uno del otro.

 

No quería molestarlo así que volteé mi rostro hacía otro lado. Tiré la cabeza hacía atrás y cerré los ojos para pensar un segundo.

 

Abrí los ojos cuando el son dio en mi cara. Me había dormido en la casa de aquel extraño, no sabía donde estaba, no sabía que había pasado con Jerry y la fiesta y tampoco sabía quien era el dueño de la casa.

 

- Has despertado – entró en la habitación con una bandeja con comida – estaba por llamarte.

- ¿He dormido aquí? – pregunte alterada, era el colmo ya, no podía seguir ahí – lo siento – dije levantándome y dejando a un lado la frazada. ¡Me había puesto una frazada! ¿Es qué tanto tiempo estuve durmiendo? – Gracias por todo esto, pero tengo que irme, yo no te conozco y vos a mi tampoco – explique mientras recogía mi bolso del piso, donde lo había dejado la noche anterior.

- Espera, te he preparado el desayuno – dijo dejando la bandeja en la pequeña mesa que había en el living.

- Tu, un extraño ¿Quieres que me quede a desayunar en tu casa? Sabiendo que yo también soy una extraña para ti.

- No, tú ya no eres una extraña para mi, te llamas Charlie y vives en Brooklyn, tienes diecisiete años y volvías de una fiesta ayer por la noche. Ah, si, también te peleaste con tu mejor amigo Jerry.

 

Me quedé dura al escuchar todo eso, si me conocía, todo eso era verdad. Sabía todo sobre mi, bueno no todo, pero si sabía quien era yo.

 

- ¿Cómo sabes todo eso? – pregunte apretando mi cartera preparada para darle un golpe con ella al extraño.

- Tranquila, tranquila – dijo notando mi reacción – ayer llamó tu amigo, Jerry,  parecía preocupado por ti.

- ¿Jerry me llamó? – pregunte sin soltar mi bolso.

- Claro – se acomodó en su sillón, tranquilo – cuando te dormiste, a la hora sonó tu celular en tu cartera y lo atendí, ya que tu parecías no escucharlo.

 

Parecía una historia creíble.  ¿Debía confiar en él o solo me decía mentiras? Saqué mi teléfono y revise las llamadas recibidas. Era verdad, Jerry si había llamado.

 

- Bueno si te creo – cerré el celular y lo miré - ¿Qué ha dicho?

- Pregunto donde estabas y con quien.

- ¿Qué le respondiste?

- Solo la verdad, le dije que estabas acá y conmigo.

- Ah, claro y eso me deja más tranquila, ni yo se quien eres tú.

- Me llamo Nicholas Sven, vivó aquí, tengo diecinueve años y estaba apunto de salir a encontrarme con un amigo ayer por la noche cuando tu llegaste. Ah, yo no peleé con mi mejor amigo, Jack. Ahora sabemos tanto uno del otro como para no ser desconocidos. Una placer Charlie – terminó de hablar y me dedicó una sonrisa. Extendió su mano, yo supuse que para estrecharla con la mía.

- Un… un gusto – dudé al tomar su mano.

- ¿Ahora te quedas a desayunar?

- Lo siento pero debo volver a casa, mi mamá debe estar como loca, por cierto ¿Qué más le dijiste a Jerry?

- Bueno luego de que le conté como estabas y cuando el preocupado me contó que habían peleado, supuse que por su culpa estabas así, entonces le corté – explicó tranquilo.

- ¿No le has dicho nada más? ¿Y ahora cómo se supone que regresé a casa? Tenía que regresar con él.

- Yo te llevaré.

- No gracias prefiero ir sola, llamare un remis.

- Deberás deja que te lleve, una vez que intento ser amable con una chica linda, no lo puedes rechazar.

 

Lo observé mientras agarraba sus llaves y abría la puerta, lo seguí hasta su auto y subí en él. Era un modelo bastante nuevo, no tenía idea de cual porque no era de esas chicas que se interesan en autos pero  parecía demasiado nuevo.

 

- Lindo auto – murmuré antes de que arrancara rumbo a mi casa.

Capítulo cuatro - Deseando estar desconectada.

 

 

- Gracias, adiós – me despedí luego de que estacionara junto a mi casa, me bajé y comencé a caminar a la puerta.

- Nos vemos – dijo antes de que me alejara demasiado.

 

Claro, piensa que nos vamos a encontrar otra vez. Yo volver a verlo, a él, un completo extraño, no perdón, si sabía quien era, conocía donde viví, su nombre y su edad. Bueno, si para él eso era suficiente para mi no. Entré en mi casa y mi madre corrió a abrazarme.

 

- ¿Dónde te habías metido? – pregunto sin soltarme.

- No me dejas respirar – me quejé, mientras estiraba los brazos para liberarme de mi madre.

- Explícame donde estabas. Jerry volvió ayer y dijo que habían peleando y que estabas en la casa de un tal Nicholas Sven ¿Es compañero tuyo?

- Si, va, en realidad no, va un año por debajo del mío – mentí.

- ¿Por qué has peleado con Jerry? – pregunto ella.

- No tengo ganas de hablar de eso ¿Si, madre? – le dije mostrándome apenada por aquello, era verdad que no quería hablar de eso.

- Bueno, pero a ti ¿No te paso nada, verdad?

- Estoy bien madre – contesté a su pregunta.

 

Eso no la convenció demasiado pero ella me conoce tan bien que sabe cuando necesito estar sola, así que no hizo más preguntas y me dejo ir. Subí a mi habitación y me preparé para un baño. Conecté mi mp4 para escuchar a los Jonas Brothers mi banda de música favorita, me puse los auriculares y me metí en la bañera para tomar un largo y relajante baño, tenía mucho en que pensar.

 

¿Qué había pasado con Jerry en la fiesta? ¿Y a qué se había referido ese tal Nicholas al decir nos vemos? ¿Pensaba que lo volvería a ver? ¿Por qué me preocupaba tanto por Jerry y su relación con Mary? Claro el era mi mejor amigo y me aseguraba que no le pasará nada.

 

Sentí mi celular vibrar, lo había dejado junto a mi mp4 solo por las dudas, nadie sabe cuando puede resultar útil y cuando no, como ayer a la noche.

 

“¿Estas bien? Llámame” decía el mensaje de Jerry, claro no, después de que había terminado de besuquearse con Mary se dignaba a llamar, ni siquiera eso, solo un mensaje. Escondí mi teléfono entre mis ropas sucias con la esperanza de que caiga en el lavarropas por un descuido. Volví a recostarme sobre el borde de la bañera y me dejé llevar por la música When you look me in the eyes….

 

“¿Quieres hacer algo a la noche?” Ya había terminado mi relajación pero parecía que eso no bastaría ya que ninguno de los dos me dejaría en paz. Una mensaje de Nicholas, que ni sabía de que manera obtuvo mi número y cuatro llamadas perdidas de Jerry.

 

Luego de un baño de hora y media y una siesta de varias horas, las suficientes para al levantarme tener ganas de finalizar mi reporte de historia sobre la Primera Guerra Mundial, había decidido responder a ambos. Para Jerry “Estoy bien y no te llamare, habla con Mary.” Y para Nicholas “Lo siento no salgo con extraños” Eso bastaría para pasar toda una noche sin recibir llamadas ni mensajes.

 

Escondí otra vez mi teléfono, esta vez entre la ropa limpia porque si caía en el lavarropas me quedaría sin teléfono.

Conecté mi laptop para comenzar mi reporte. Como toda computara moderna, lo primero que se abre es el msn.

 

“Al fin una señal tuya” recibí de Jerry, al abrirse la ventean, la cerré automáticamente y cerré sesión en el msn. De mal humor comencé con mi tarea.

 

-¡Charlie! – grito mi madre luego de que sonó el teléfono lo que faltaba tener el descaro de llamar a mi casa para que no pueda negarme atenderlos. - ¡Tu amigo Nicholas!

- Dile que no estoy –dije rápidamente.

- Lo siento Nicholas, Charlie dice que no esta - ¡Ay que buena que es conmigo mi madre! ¡Siempre dispuesta a ayudarme!

- Toma, atendedlo – entró en mi habitación y me tendió el teléfono.

- Estoy con tarea madre.

- Será solo un segundo – dijo ella y me colocó el teléfono en la oreja. – Parece un buen chico.

 

A veces pensaba que mi madre estaba del lado de los demás con el plan de arruinarme la vida.

 

- Hola – salude al desconocido que se encontraba al otro lado de la línea.

- Hola Charlie ¿Qué tal has estado? ¿Es que a ti no te enseñaron a saludar? Tu madre me pareció amable – y ahora me daba un sermón de cómo saludar.

- ¿Qué quieres? – pregunte cortante.

- Hola Nick. Todo y bien ¿y vos? Gracias por alcanzarme hoy – siguió molestando, mi paciencia estaba por llegar al límite.

- ¿Es que has llamado solo para molestar?

- En realidad no ¿Quieres salir a comer por la noche?

- ¿A ti no te han enseñado a leer? Consíguete una maestra particular y luego lee otra vez el mensaje que te escribí hoy – corté el teléfono y lo tiré en la cama deseando estar desconectada del mundo.

Capítulo cinco – Un accidente.

 

Después de terminar mi trabajo de cinco hojas a mano de la Primera Guerra Mundial, me desconecté. Apagué mi teléfono y mi computadora. Me acosté en mi cama a leer, The Host, uno de mis libros favoritos. Pasada la medianoche me dormí.

 

Es fácil reconocer cuando uno tiene una pesadilla, en su subconsciente sabe que debe despertar pero no lo hace. Bueno ahora yo estaba teniendo una de esas pesadillas, me encontraba en el mismo callejón de la noche anterior y de un lado tenía la puerta abierta hacía la casa de Nicholas, al otro lado Jerry besándose con Mary y yo atrapada en el medio entre los brazos del hombre borracho.

 

Me desperté en medio de la pesadilla bañada en sudor y agitadísima. No pude volver a conciliar el sueño. Me cambie de ropa, por una más cómoda y baje a la cocina en busca de algo para desayunar. Me preparé un café y corté una porción de torta Marmolada. Volví a mi habitación, miré el reloj las siete y cuarto de la mañana, era muy temprano como para salir y hacer algo. Prendí mi celular, error.

 

¡Por Dios, la gente no piensa desconectarse nunca! Cinco llamadas pérdidas de Jerry y dos mensajes pidiendo que por favor lo llamara. Cuatro llamadas pérdidas de Nicholas y tres mensajes en los que me invitaba a cenar a distintos lugares. Creo que después de tantas llamadas decidieron dejar de perder el tiempo.

 

Mientras tomaba mi café, seguí leyendo mi libro. Otra vez mi celular vibro, lo ignoré. Volvió a vibrar. Deje mi libro a un lado y atendí.

 

- ¿Hola?

- Hola, ¿Hablo con Charlie Fuxson?

- Si, ella habla ¿Quién es usted? – pregunte, se suponía que era el móvil de Nicholas.

- Le hablo desde el hospital para informarle que Nicholas Sven a tenido un accidente.

 

Me quedé perpleja y shockeada al escuchar las palabras de la mujer. Es que eses chico no tenía otros familiares a los que acudir en su ayuda, era yo la única en su directorio.

 

- Señorita ¿Me escucha? La hemos llamado porque es la última persona a la que Nicholas marcó. ¿Usted lo conoce?

 

No sabía que responder, si lo conocía pero es una extraño APRA mi todavía.

 

- Si lo conozco ¿En que hospital esta?

 

Me cambie mi ropa de entre casa por algo más formal, ropa la que uno se pone cuando va al hospital y peine mi cabello color castaño claro para que no digan mira ahí viene la que recién se levanta y me fui directo al hospital.

 

Manejé en mi auto hasta la clínica. No sabía con que me encontraría al llegar ya que la mujer no había dicho nada acerca de lo que había ocurrido con Nicholas.

 

- Buenos días estoy buscando a Nicholas Sven – me acerqué a la recepción.

- Buenos días, esta en el piso dos, habitación doce – me informó la mujer y me abalancé sobre el ascensor.

 

- ¿Usted es familiar del joven Sven? – pregunto el doctor.

- No, este – pensé por  un segundo – soy amiga.

- ¿Conoce a algún familiar del chico?

- No – dije sincera. - ¿Qué tiene Nicholas? – pregunte nerviosa por lo que me podría llegar a responder.

- Tuvo un accidente con el auto. Chocó contra un camión, al parecer iba borracho.

- ¿Pero ahora como se encuentra? ¿El accidente fue hoy? – interrogué al médico.

- Ahora esta estable, no ha despertado pero esta fuera de peligro – me explicó – no, el accidente fue ayer por la noche.

- Gracias ¿Puedo verlo? – pregunte mientras la culpa comenzaba a caer sobre mi, por no haberlo atendido por la noche.

- Si pero solo por un rato, tomé acá están las cosas del señor Sven – me entregó una bolsa pequeña.

 

Entre en la habitación, pequeña pero iluminada, había una ventana en un extremo, por donde dejaba entrar la luz del sol. En el medio contra una pared estaba la cama donde reposaba Nicholas. Me acerqué a la camilla y lo observe parecía que estaba bien, tenía varías vendas pero nada para preocuparse.

 

A pesar de que todavía él era un desconocido para mi sentía pena por él y me sentía culpable por no haber respondido a sus llamadas el día anterior. Lo miré tenía el cabello color negro azabache y medio largo, nunca me había detenido a observarlo, era un chico lindo y ahora que estaba inconciente me animaba a mirarlo a los ojos.

 

Puse mi mano sobre la de él, inconcientemente. Sentí su piel suave y cálida, eso contacto me hacía bien y no sabía porque. Noté  un movimiento bajo mi mano, no sabía si había sido de mi parte o era el que reaccionaba a mi tacto, me sobresalté.

Capítulo seis – Con uno y sin otro.

 

- ¿Nicholas? – lo llamé, sin retirar mi mano que descansaba sobre la de él.

- ¿Mamá? – preguntó, creo yo que confundido, entre abriendo un poco los ojos a causa de la luz.

- No, soy yo Charlie, la chica de ayer – le expliqué calmada.

- Eres tú. ¿Qué haces aquí? – me interrogó.

- Me han llamado del hospital ¿Cómo se llama tu madre? – pregunté para buscarla en el directorio y llamarla.

- Mi madre falleció junto a mi padre el año anterior, en un accidente de avión – me contó con la voz ronca y un poco desilusionado.

- Lo siento mucho ¿Tienes algún familiar al que llamar?

- No, solo Jack.

- Lo llamare tu descansa – dije y quité mi mano avergonzada.

- No te vayas – pidió sosteniendo mi mano entre la de él.

 

Me quedé quieta donde estaba sin moverme, ni un poco, dudé. ¿Qué me pasaba, necesitaba del contacto con su piel? Ahora que lo había probado me volvería adicta, eso era imposible, él era un desconocido.

 

- Por favor, quédate – suplicó con su voz ronca y dulce a la vez.

 

Me volteé para mirarlo a los ojos, nunca antes lo había hecho y de lo que me había perdido. Tenía unos hermosos ojos color gris claro casi celeste. Me quedé aturdida sin siquiera pestañar. Él pincho mi burbuja.

 

- ¿Sucede algo? – me preguntó mientras sonreía débilmente.

- No, nada – dije soltándome de su mano – tengo que hacer algo antes.

 

Saqué la vista de sus deslumbrantes ojos y salí de la habitación. Tenía que llamar a su amigo, Jack. Cuando me senté en las sillas de afuera, junto a la sala, un médico entró, suponía que para hacer más estudios.

 

Busqué su teléfono entre sus cosas en la bolsita y recorrí el directorio para telefonear a su amigo el tal Jack.

 

- ¡Hola, Nicholas! ¿Dónde estas? Te estuve llamando – me gritó su amigo al atenderme.

- No soy Nicholas ¿Jack Rerdch? – pregunté nerviosa.

- Si ¿Quién habla ahí? ¿Dónde esta Nicholas?

- Soy Charlie Fuxson, Nicholas esta en el hospital.

- ¿Cómo que en el hospital?

 

- ¿Charlie? – un hombre rubio, bastante alto se acerco a mi, media hora después de que terminará de hablar por el celular.

- ¿Jack?

- Si ¿Cómo esta Nick? ¿Qué le paso? ¿Y quién sos?

- Tranquilo – frené al amigo de Nicholas que parecía más nervioso que yo – Nick, ya despertó, esta fuera de peligro y ahora le hacen estudios – respondí a su primer pregunta – según el médico tuvo un accidente con una camión, parecía borracho, fue ayer por la noche.

- Bien – dijo ya más calmado – y ahora ¿Quién es usted?

- Soy Charlie Fuxson, conocí a Nicholas hace dos noches cuando el salía de su casa y un borracho me perseguía.

- Ah, ¿Tu eres la chica loca de la que me hablo Nick?

- ¿Eso te dijo que? ¿Qué soy una loca?

- No con esas palabras exactamente pero si.

- Bueno entonces dile a Nicholas que el es más loco que yo y que él es el que termina el hospital no yo – me di la vuelta para irme, pero me freno.

- ¡Ey! ¿Te vas?

- Si, claro, el piensa que soy loca.

- ¡Era broma! Solo me contó lo que paso. No dijo que eras loca, al contrario, dijo que sos linda.

- ¿Sabes a donde iba Nicholas ayer por la noche antes del accidente? – cambié de tema antes de llegar a sonrojarme.

- No lo sé, lo llame varias veces pero no respondió.

- Es que ayer por la tarde me llamo para invitarme a cenar pero no lo quise atender, es que bueno, para mí todavía es un extraño.

- Bueno si tienes razón. Entonce nadie sabe lo que paso con él ¿Pero tu lo has visto ahora?

- Si antes de llamarte hable con él y parecía que nunca hubiese chocado. ¿Nicholas tiene familia? – pregunte curiosa por la vida del desconocido, ahora me interesaba y no tenía idea de porque.

- Que suerte que no fue grave, ¿Verdad? ¿Por qué preguntas? – pregunte y agregó – creo que tiene una prima lejana.

- Porque cuando despertó me confundió o pregunto por su madre y luego dijo que ella y su padre había fallecido el año pasado.

- Bueno conozco a Nicholas desde los cinco años y si sus padres fallecieron el año pasado en octubre y no tenía ni abuelos ni tías, así que ahora esta solo.

- Pobre – susurré apenada por Nicholas.

 

Nos habíamos pasado la mañana hablando y contándonos nuestras vidas y también la de Nicholas ya que él no estaba presente para poder relatarla. Él seguía con los estudios, desde que había llegado Jack el médico no lo había liberado.

No sabíamos si era porque algo iba mal o por pura rutina. Tanta espera me ponía nerviosa. Había telefoneado a mi madre para comentarle lo sucedido y para evitar que se preocupara por mi ausencia.

 

Cuando ya se había pasado la hora de la comida, apareció el médico para pasarnos el parte sobre Nick.

 

- Bueno, Nicholas no ha sufrido ningún daño. Lo único que no entendemos es que estuvo inconciente toda la noche hasta la llegada de la jovencita – comentó el doctor sorprendido – Nicholas pasará el día acá y mañana por la mañana podrá irse.

- ¿Puedo verlo? – preguntó Jack, yo solo observaba no me sentía con tanta confianza para intervenir y sentía bastante culpa por no haber atendido, no estaba segura pero cabía la posibilidad que por mi culpa había pasado el accidente. Nicholas Sven un chico que conocía y al parecer lo suficiente como para sentirme mal con lo que le pase. Eso ya era bastante raro, porque por el único chico que había sentido algo así era por Jerry mi mejor amigo y ahora estaba peleada con él y hacía dos días que no le hablaba, eso era demasiado tiempo en lo que se refería a nuestra amistad.

Capítulo siete – No eres un extraño y no tendrás mi amistad.

Como el día anterior había decidido realizar mi trabajo de historia solo para hacer algo y sacarme de la cabeza todo lo ocurrido. Hoy, domingo, no tenía nada que hacer por lo que quise quedarme en el hospital a hacerle compañía a Nicholas, si, todavía la culpa me invadía y siempre que lo hacía se quedaba por largo tiempo.

 

- Gracias por quedarte – agradeció Nicholas mientras acariciaba mi mano con su pulgar. Como había llegado hasta eso era un misterio y nunca lo revelaría, solo habían pasado dos días desde que lo conocía pero parecía toda una vida. Por suerte Jack ya se había marchado porque si no, no estaría así en su presencia.

- No hay problema, no tenía nada que hacer hoy – dije y pregunte algo que en verdad necesitaba saber si es que pretendía terminar con la culpa - ¿Exactamente que fue lo que paso ayer?

- Bueno, no recuerdo muchos. Sabes, estuve toda la noche en coma o inconciente, lo que sea. Creo que tomé de más – dijo apenado, my avergonzado – No estoy acostumbrado a beber mucho y menos beber y luego manejar. Por suerte no paso nada con el camión. Gracias por llamar a Jack, él es el único amigo y familiar que me queda.

- ¿Cuál fue el motivo por el que tuviste la necesidad de beber tanto? Si se puede saber claro – pregunte nuevamente interesada en saber más sobre él.

- Supongo que por un poco de todo – respondió, un poco de todo, eso no me dice nada – creo que por ti, por mis padres, por Elizabeth…

 

Muy bien justo lo que necesitaba escuchar “por ti”. Pero un segundo, yo, sus padres y Elizabeth. Elizabeth ¿Quién era Elizabeth?

 

- ¿Qué ocurre? ¿Dije algo malo? – me miró, sujetando con fuerza mi mano.

- ¿Quién es Elizabeth? – pregunté, no se con que cara, al parecer una graciosa porque lo único que hizo fue reír.

- Estas celosa ¿Verdad?

- ¿Celosa? ¿Y por qué voy a estarlo?

- Te nombre a Elizabeth y reaccionas así. Ella es, bueno era mi hermanita – Explicó y me sentí como una tonta, no quise preguntar más – Bueno, Destinity si era mi novia, creo que eso te interesa más.

- ¿Interesarme? No para nada – dije indiferente.

- Ah, pensé que por un segundo te interesabas por mí.

- Crees que si no me interesaría por ti ¿Estaría acá?

- Bueno, si pero pensé que no salías, hablabas o te interesabas por extraño, en este caso yo.

- Bueno es que Jack me contó casi toda tu visa.

- Oh, no, toda mi vida – lo noté apenado, avergonzado y triste a la vez.

- Ey, no te pongas así – dije sujetando ahora yo su mano, la verdad es que eso degustaba cada vez más. Sabía que un chico podía cambiar mucho en una noche y eso lo había comprobado, pero una chica ¿Era eso posible? Parecía que sí. – Sabes, ya no eres un extraño para mí.

- ¿Entonces aceptaras mi propuesta de ir a cenar?

- Claro pero cuando salgas del hospital – le sonreí – bueno creo que debo irme a casa ya – consulte mi reloj pulsera, las siete de la tarde y al otro día tenía instituto – es muy tarde.

- ¿Nos vemos mañana?

- No lo sé, puede ser.

 

- Lo siento madre, se me paso el tiempo – parecía que un solo mensaje en todo el día era muy poca información para que una madre no se preocupara.

- ¿Cómo esta tu amigo?

- Bien mañana le dan el alta.

- Genial, mándale saludos. Ah, por cierto, me olvidaba, Jerry te llamo, creo que mínimo unas diez veces. ¿Piensas hacer las paces?

- Algún día.

 

Dormí tranquila y sin pesadillas durante toda la noche, un alivio. Me duche antes de ir al colegio, me vestí con mi pollera de jean larga por las rodillas, junto con las calzas y unas chatitas negras. Me puse una remera a juego con las chatitas y una camisa a cuadros roja. Peine el nido que tenía en la cabeza, alisando lo más posible mi cabello ondulado. No desayune porque por la noche había comido casi una pizza entera y no tenía hambre a esa hora de la mañana.

 

- Hola – me saludo Jerry cuando me senté junto a él en la clase de Literatura.

 

No le contesté, todavía estaba muy dolida porque no me había creído. Siempre habías confiado el uno con el otro y ahora porque un tercero se mete entre nosotros, el ya no me cree.

 

Me paso una nota a mitad de la clase: “Háblame, por favor.” Arrugue la nota y no le dije nada, seguí prestando atención a lo que decía el profesor.

 

Sonó el timbre, cerré mis libros y los guardé en mi mochila. Cuando me quise ir del aula Jerry me sujeto del brazo. Me volteé y lo mire ceñuda.

 

- Suéltame – dije con tono amenazante.

- Primero vas a hablarme.

- Mira lo estoy haciendo, ahora déjame ir – tiré de mi brazo pero no pude soltarme.

- Dale, Charlie, nos vas a dejar que una estupidez arruine nuestra amistad.

 

Ya todos habían salido del aula, dejándonos a nosotros dos solos, no sabía que responder, no quería perderlo, lo había extrañado mucho en estos dos días pero no podía arreglar todo así como si nada, cuando él no  me había creído. Estaba a punto de darle una respuesta cuando entro Mary con su típica actitud de yo soy la mejor.

 

- Jerry – lo llamó de manera dulce – amor, te estuve buscando  - lo abrazó por la cintura - ¿Qué haces con esta?

- Esta tiene nombre – dije fríamente, mirándola – soy Charlie.

- Amor te dije que Charlie es mi mejor amiga, te hable de ella – le explico Jerry mientras ella me miraba con desprecio.

- Ah, claro, la chica que no quiso responderte en estos días, si es tu amiga ¿Por qué no te respondía?

- Eso no importa ya, esta bien Jay – lo llamé como lo hacía antes, cuando nos llevábamos bien - quédate con ella, yo ya no soy tu amiga, si no confías en mi, no de puede hacer nada.

- Déjala amor, no merece tu amistad – agregó Mary cuando yo ya salía del aula.

 

Esto había colmado mi paciencia ¿Qué yo no merecía su amistad? Esta claro que no. Ahora no la merecía, para que necesitaba tener un amigo que no valoraba mi palabra.

Capítulo ocho –  Una decisión.

 

Estaba tirada en mi cama pensando en las palabras de Mary, ella tenía razón Jerry no tenía que ser mi amigo.

Escuché el timbre y no me moví. Sentí que mi madre subía las escaleras, limpié rápidamente mis lágrimas, no quería que me vieran así y me escondí bajo las sabanas para fingir que dormía. Como siempre mi madre sabía cuando actuaba y cuando no.

 

- Charlie, hay un chico abajo que te busca, dice que es tu amigo Nicholas – tiró de mis sabanas hasta dejarlas en el piso.

- Estoy durmiendo – dije con un hilo de voz, si mi madre hubiera prestado atención habría notado que había estado llorando.

- ale baja, parece buen chico.

- Esta bien ahora bajo – me levanté de un salto y me oculte en el baño.

 

Cerré la puerta y me deje caer en el piso frío contra la puerta. Apoyé mi cabeza sobre mis rodillas mientras pensaba y las lágrimas seguían cayendo por mis mejillas.  Yo me encontraba llorando por el dilema de perder ami mejor amigo y abajo me esperaba otro chico, al que conocía poco y nada y por así decirlo, me agradaba bastante.

 

Sentí vibrar mi celular que descansaba en el bolsillo de mi short. Lo saque con la mano temblorosa y miré la pantalla, Jerry. Era la segunda vez que intentaba llamarme en esa tarde. Deje mi teléfono en el piso y simplemente lo mire vibrar.

 

Estaba atrapada entre la espada y la pared y no tenía escapatoria. A dos centímetros míos se encontraba Jerry esperando a que le respondiera, suponiendo que para arreglar lo sucedido. Y al otro lado de la puerta tenía a un chico nuevo en mi vida esperando, lo había conocido hacía tres días pero ya conocía toda su historia. Hace un año había perdido a sus padres y a su pequeña hermanita en un vuelo de avión y hacía casi dos meses que su novia lo había dejado por otro.

 

Volví a la realidad cuando mi celular volvió a vibrar en el suelo frío del baño, lo agarre y colgué la llamada. Ya me había decidido. Sabía a quien debía escuchar.

 

Me levanté, me temblaban las piernas pero eso no importaba, ya me sentía algo mejor. Me acerqué al espejo, estaba hecha un desastre, me lavé la cara con agua y jabón tres veces, me fregué los ojos para ocultar los rastros de las lágrimas. Me puse un poco de maquillaje y pase alo más difícil de todo mi cabello, acomode mi flequillo hacía adelante como solía llevarlo y comencé a peinar las ondas que colgaban sobre mi espalda, cuando me noté lista, levante del piso mí teléfono y salí del cuarto de baño.

 

Él me esperaba en mi habitación, sentado como si nada sobre el acolchado bien tendido de mi cama. Mi madre siempre tan maniática de la limpieza lo habría tendido antes de salir. Como se encontraba de espaldas a la puerta de mi baño no vio cuando salí de el, lo observe a través de mi espejo yo podía verlo pero él a mi no. Estaba vestido con un jean negro y una camisa a cuadros azueles, su pelo negro delicadamente desordenado brillaba como siempre. Y sus ojos gris claro perfectos como la última vez que lo mire. Estaba sonriendo por lo que yo sonreí también.

 

¿Qué me estaba pasando? ¿Estaba sintiendo algo por aquella persona? ¿Aquel chico dos años mayor que yo y casi un desconocido? ¿Me estaba enamorando de Nicholas?

 

- ¿Por qué sonríes así? – pregunto Nicholas volteando hacía mi.

- No es nada – mentí - ¿Mi madre te dejo subir?

- Si, toma son para vos – extendió sus brazos para darme un ramo de flores blancas y una caja de bombones – gracias por estar conmigo ayer – se acerco a mi y me dio un largo beso en la mejilla, sus labios suaves y delicados tocaron mi mejilla produciendo que esta se tornara roja y que mi corazón se acelerara. ¡Cálmate corazón!

- No... ha… hay porque- tartamudeé nerviosa, tomé las flores y las observe por largo rato.

- ¿No te gustan? – pregunto Nicholas mirándome a los ojos.

- Claro que me gustan – dije sonriendo tontamente – es que nunca nadie me regalo flores.

- ¿Nadie? – negué levemente - ¿Es qué ningún novio te ha dado algunas?

- Nunca he tenido novio – dije avergonzada, era verdad nunca me había gustado tanto un chico como para llegar a enamorarme. Mis relaciones con los chicos nos pasaban de compañero de clase o mejor amigo, aunque solo una persona había pasado ese estatus y ahora ya no lo tenía. Mis enamoramientos nunca pasaban más lejos que hasta mi diario y solo duraban unas cuantas hojas o a veces hasta que el diario se acabara.

- ¿Lo dices enserio? ¿O es una broma? – dije riendo un poco.

- Es verdad y no te rías – le di la espalda y camine a la mesa que estaba junto a la ventana para cambiar las flores viejas por las nuevas y dejar la caja de bombones ahí.

- Solo me río de los idiotas que no te vieron – sentí que caminaba hasta mi lado – eres tan linda ¿Cómo nunca nadie se enamoro de ti?

- Ya deja de decir pavadas – dije sonrojada completamente - ¿A qué has venido?

- ¿Es qué no puedo visitar a una amiga?

- Si puede.

- Bueno hoy me dieron el alta y no puedo trabajar por una semana y bueno no tengo nada mejor que hacer.

- ¿Pero si tienes que hacer reposo que haces acá? – pregunté preocupada como siempre que me interesaba en alguien.

- Ayer me visitaste vos ¿No? Bueno hoy me toca a mi… ¿Quieres salir?

- Pero es lunes mañana tengo instituto y mi mamá piensa que vas un grado más abajo que yo – agregué y lo observe parecía sorprendido – no soy la única que no aprueba a los desconocidos.

- Bueno esta bien, pero vamos aunque sea un ratito a la plaza de acá cerca, total es temprano.

- Okey, vamos – tomé mi teléfono y mis llaves.

- Si – festejó él.

- ¡Mamá salgo! Vuelvo en un rato – grité antes de cerrar la puerta de la calle.

Capítulo nueve – No soy como ella.

- ¿Entonces es verdad que has peleado con el tal Jerry?

- Si pero no quiero hablar de eso ahora – dije mientras el me hamacaba en el columpio.

- ¿Entonces qué te apetece hacer? – preguntó y por sorpresa comenzó a hacerme cosquillas.

- Ya para… - me retorcía tanto que terminé por caer para atrás llevando a Nicholas conmigo – ves lo que logras.

 

Me quería levantar, era una situación incomoda. Me caigo por lo torpe que soy encima arriba de él. Apoyé mis manos en el pasto para poder levantarme pero no podía algo me sujetaba. Busqué con la mirada y vi los brazos de Nicholas en mi cintura haciendo presión contra su cuerpo. Volví la vista a sus ojos.

 

- ¿Qué haces? – pregunté en un susurro.

- Esto – dijo antes de…

 

… Besarme. Si, besarme. Era la primera vez que besaba a alguien. Nunca nadie me había querido besar, ni siquiera en los juegos de chicos donde las prendas siempre son besos. Ahora conocía a un chico y a los tres días de haberlo visto por primera vez ya me besaba.

 

Primero apoyó suave y cálidamente sus labios sobre los míos, espero mi reacción, pero yo no podía reaccionar, no me movía y creo que tampoco respiraba. Me había tomado por sorpresa y nunca había espero eso y menos de él. Me recordé respirar. Había cerrado los ojos por inercia.  Noté cuando sus labios se separaron de los míos y sentí que la felicidad me abandonaba. Busque sus labios, sin abrir los ojos aun, escuche su risa y luego volví a sentir sus labios sobre los míos. Esta vez el beso fue más profundo, era maravilloso, algo que nunca había experimentado antes. Se separo de mi cuando se acordó de que debía respirar como todo humano que era.

 

- Di algo – pidió con la respiración medía agitada.

 

Abrí los ojos lentamente y me encontré con los de él, tan hermosos como siempre con ere brillo particular que transmitía pureza y sinceridad. Observe su rostro, sus mejillas levemente coloreadas por un tono rojizo y sus labios rojos y algo hinchados por nuestro beso, me sonrojé.

 

- ¿Por qué lo hiciste? – pregunte sin quitar la vista de sus ojos.

- Por que me gustas y la verdad es que no había sentido algo igual desde… - se trabó al recordad la historia – desde que estuve con Destinity.

 

De repente sentí curiosidad sobre su antigua pareja, no sabía si era curiosidad exactamente o algo de celos pero ahora quería conocerlo más a él, quería que él me relatara la historia y no un amigo suyo.

 

Volví a pasar mi vista por su rostro, sus hermosos labios rojos que me producían ganas de volver a besarlos. Y sus ojos que ahora tenían una nota de tristeza. Me separé de él, ahora con facilidad. Deslicé sus brazos hasta soltaré de ellos y me incorporé sentándome en el piso junto a él. Se acomodo a mi lado y me tomó de la mano, eso ya no me molestaba y no proteste.

 

- ¿Quieres contarme? – pregunté amable mientras lo miraba a los ojos, estaba dudando, tenía la cabeza gacha parecía estar pensando mientras miraba nuestras manos juntas.

- Hace un año más o menos, discutí con mis padres, ahora no recuerdo el motivo, fue antes de que ellos salieron de viaje con mi hermanita, como estaba enojado no quise viajar con ellos, ahora me arrepiento de eso – dijo triste, sujete su mano con fuerza para infundirle valor a que siguiera – bueno ya sabes lo que paso en el viaje. Y luego se eso como si fuera poco Destinity me deja por un tal Jacobo o Jacob, no sé y no me interesa como se llama. Había estado con ella casi tres años y le había comprado un anillo pero pasó esto, pero bueno ahora no quiero saber más sobre ella, tengo otro blanco ahora – termino de hablar y me miró, estaba perdida en su mirada, que no noté cuando se acerco a mi para besarme. Me alejé rápidamente para no recibir su beso, si quería que me besara pero con un beso ya era suficiente – lo siento – se disculpo alejándose lo más que pudo de mí sin parecer grosero pero si apenando.

- Esta bien, pero me parece que vas algo rápido – dije observando.

- Lo siento de verdad, lo que pasa es que me acostumbre a mi relación con Destinity que es como si ya hubiesen pasado meses contigo ¿Me entendes?

- No, pero lo único que puedo aconsejarte es que vayas más lento, yo no soy Destinity y tampoco soy como cualquier otra chica con la que hayas estado.

- Esta bien, lo siento por el beso que te dí – se volví a disculpar muy avergonzado.

- No te avergüences, me gusto – dije en voz baja pretendiendo que no escuchara.

- A mi también – contestó y se levanto y me ofreció su mano – vamos, no tienes que volver ¿ya?

- Si, gracias por recordarlo – tomé s mano y me levante, no quiso soltarla así que volvimos de la mano a mi casa – bueno creo que nos veremos otro día.

- Esta bien, adiós – saludó y antes de marcharse me dio otro beso, esta vez solo apoyo sus labios suaves sobre los míos sin hacer presión ni nada y se aparto – lo siento, adiós.

 

Reí bobamente y volteó a mirarme, sonrió y siguió su camino. Abrí la puerta y entre en casa.

Capítulo diez – La gota que colmo el vaso.

- ¿En dónde estabas? – pregunto mi madre repitiendo la escena del otro día, mi cara risueña la sorprendió.

- En la plaza con Nicholas – contesté feliz con una sonrisa de oreja a oreja.

- ¿Y por qué tan feliz?

- La vida es muy linda – contesté mientras subía las escaleras a mi habitación.

 

Me dormí comiendo mis bombones, feliz. No soñé nada esa noche, solo dormí. Me desperté con la alarma de mi celular y el grito de mi madre que me decía que ya tenía listo el desayuno. Salté de la cama para darme una ducha rápida. Me cambie con mis jeans favoritos y una remera negra con una camisa celeste por encima. Antes de salir de mi cuarto olí las flores y salí sonriendo.

 

- Hola - me saludo Jerry algo enojado en la clase de historia.

 

No había bancos vacíos por lo que no tenía otra opción de compañero, ignoré su saludo, no me di cuenta de su tono de voz. Saqué mis cuadernos para terminar los ejercicios de matemática para el día siguiente, pero no pude empezarlos ya que cuando abrí el libro, Jerry me lo cerró.

 

- Te vi ayer con un chico ¿Quién es? – preguntó él sin sacar los ojos de mi y sin mover la mano de mi libro. Intente evitar su mirada pero me fue imposible – Anda, dale, no seas infantil.

- ¿Qué yo no sea infantil? – pregunté enfadada, eso que había dicho era la gota que colmo el vaso – escucha esto porque esta es la última vez que lo repito. Tu era o eres mi mejor amigo y lo sabes Jay, sabes que nunca te mentiría. Ahora presta atención, yo nunca invitaría algo para hacerte daño y si te cuento algo que vi es porque es verdad. Créeme cuando te digo que unos segundos antes de besarte a ti ella estaba con otro. Ahora bueno, tú no me has creído, lo que me lleva a pensar que no soy tan amiga tuya como pensaba. Entonces por eso no puedes venir y controlar con quien me beso y con quien no. Si me permites – me levanté de mi asiento y saque con fuerza el libro y lo arrojé en mi mochila para luego salir de la clase a toda prisa – no quiero que me hables.

 

Salí corriendo por el pasillo del instituto hasta salir para esconderme tras unos árboles del bosque cercano mientras una lágrima caía por mi mejilla, de seguro ya era oficial había perdido a mi mejor y único amigo. Me deje caer contra el árbol más cercano y escondí mi cabeza entre mis brazos mientras lloraba.

 

- Char, por favor – dijo Jerry sentándose a mi lado.

- Veté – le pedí girando para darle la espalda.

- De verdad, lo siento, tenías razón, ella esta saliendo con ese chico – dijo triste. Me limpié una lágrima y lo miré esperando que diga algo – Fue un error haber salido con ella, antes de enterarme del otro ya no quería esta más con ella y cuantos días pasaron tres o cuatro y todo eso porque quería estar con vos – me agarró de la mano y sentí lo mismo o más fuerte que cuando Nicholas me la agarró – déjame hacer algo.

 

Me tomó la cara entre sus manos para que lo vea, cerré los ojos porque no quería mirarlo y sabía lo que me esperaba pero ya estaba cansada de discutir con él. Sentí sus labios hermosos, suaves y dulces tocando delicadamente los míos, se fue acercando lentamente esperando que yo no lo rechazara, pero al sentir ese contacto algo despertó en mí y no pude hacerme atrás y escuchar ami cabeza. Tenía que corresponderle y quería responderle. Lo abrasé por el cuello respondiendo al beso con más pasión y fervor, que en el beso con Nicholas.

 

Mi cabeza me ordenaba que me separe que lo suelte, él era mi mejor amigo de toda la vida y no podía estar pasando eso entre nosotros.

 

Pero mi corazón me decía todo lo contrario y mi cuerpo me pedía ese contacto con él suyo. Ya no podía echarme atrás. Al final fu él, el que uso un poco de su cordura para separar a nuestros labios a la fuerza.

 

- Ayer cuando te vi con el otro chico, me morí de celos, no sabes cuanto – dijo pegando su frente con la mía.

- Jay… yo… no… - me callo dejando otro beso en mis labios.

 

Esto no podía esta pasando, él era mi amigo y nada más ¿Aparte qué yo no estaba sintiendo algo por Nicholas? Ahora tenía que pasar esto con Jerry, esto no estaba bien.

 

- Jay, basta – lo separé de mí y me paré, se paró atrás de mí.

- No te gusto ¿Verdad? – no podía decirle que no porque si me había encantado pero bueno tampoco lo iba a admitir ya que se suponía que yo estaba enojada con él.

- Este… no… digo si… no pero… - uh! No podía decir nada coherente ¡Por favor!

- ¿Si o no? – preguntó tomando mi mano.

- Debemos volver a clase – cambié de tema y me volteé para entrar al edificio.

- Espera Char – me agarró de la mano.

- ¿Qué? Nos castigarán.

- El profesor no viene, tenemos horas libres y la de Química esta con licencia tenemos toda la mañana libre, hagamos algo ¿Si?

- Este… - lo miré a los ojos, me hacía caritas, la carita que a mi más me gustaba, reí y le contesté – Esta bien.

- Wiii! – dijo feliz y me beso.

Capítulo once – Un océano de secretos.

- Esto no esta bien – le dije a Jerry mientras me acariciaba el cabello.

- No pienses que esta mal ahora, deja pasar el rato que lo estoy disfrutando – me dijo mientras me abrazaba.

- Vale – me acomodé contra su pecho tranquila.

- Sabes que eres muy linda ¿no? – me preguntó mirándome a los ojos.

- Si, ya me lo has dicho – estaba colorada hasta las orejas.

 

Habíamos pasado las últimas dos horas recostados contra un árbol en la plaza de cerca del colegio. Me había querido besar unas cuantas veces pero había decidido evitar sus besos, no podía alentarlo a una relación que no sabía si pasaría después de estas horas.

 

No entendía lo que sentía por Jerry, ya llevábamos más de dieciocho años de amistad y nunca había pasado nada como esto.- Puede ser porque ninguno había estado con alguien antes como para sentir celos del otro. Ahora si entiendo la frase: uno no quiero lo que tiene hasta que lo pierde. Pero yo no había sentido celos de Mary, solo le dije a Jerry lo que ella hacía para que no salga lastimado, en cambio el si sintió celos por mi y Nicholas.

 

No había sentido lo mismo con Nicholas, esto era diferente. A Jerry lo conocía desde siempre, sabía todo de él, sabía desde su banda favorita, Green Day, hasta los deseos que había pedido al soplar las velitas de su cumpleaños número diez.

 

La pregunta era: ¿Qué sentía ahora por Jerry? El chico que siempre había estado a mi lado para defenderme, ayudarme, ser mi confidente, pedirme un concejo o simplemente para pasar el rato, ahora sabía que no era solo una amistad, era más profundo.

 

“El corazón de la mujer es un profundo océano de secretos” Sería tan profundo mi corazón como un océano que ni yo sabía de este secreto. Que había pasado tantos años encerrado y cubierto por una fina capa de tela sin ser visto por nadie, hasta que fue descubierto y revelado.

 

- ¿Qué pasará con esto ahora? – preguntó serio y algo preocupado ¿Por qué me lo preguntaba a mi? ¿Es qué no podía decidirlo él?

- No lo sé, es que… yo… y Nic…

- Si ya sé… - comenzó con tono de decepción – tu sales con ese chico ¿Verdad?

- Nicholas, no, no salgo con él, pero han pasado tantas cosas en esta semana que ya no se que pensar de todo esto. Estoy confundida y tengo miedo.

- ¿Miedo? ¿Miedo de qué?

- De perderte como amigo, perder nuestra amistad, perder lo que estoy comenzando con Nicholas, esto es mucho – rompí en llanto, sentí que me abrazaba, no quería que me viera hacía, escondí mi rostro entre mis manos – no me veas así – le dije apenada.

- Char, mírame – levantó mi rostro hacía él – eres hermosa así y de todas las formas que se te ocurran siempre eres linda.

- Jay – quería que me soltara, no podía estar con ninguno de los dos, era un error, a Nicholas no lo conocía y Jerry era mi mejor amigo y así tenía que ser – déjame ir, tengo y quiero irme a casa – me levante y corrí.

- Char, no me dejes quédate.

 

- ¡Charlie! ¿Qué te paso? -  pregunto mi madre en cuanto me vio. Conocía esa expresión, algo andaba mal, ella estaba sufriendo y era por mi culpa. No me gustaba verla así. Me sentía fatal, quería decirle que estaba todo bien pero no encontraba palabras, algo me pasaba pero no sabía que. Recordaba todo perfectamente hasta que…

Capítulo doce – Pensamientos.

- ¿Dónde estoy? – pregunte cuando abrí los ojos, la luz me molesto así que los volví a cerrar - ¿Qué me paso?

 

Sentía que me tenían presionada por ambas manos, sentía un cosquilleo y calor en ambas. Volví a abrir los ojos para acostumbrarme a la luz, era mi casa. Mié a ambos lados de mi cama. Jerry aún lado sosteniendo mi mano. Al otro lado Nicholas haciendo lo mismo.

 

- ¡Char! – gritaron al unísono cuando me escucharon. Amos se inclinaron a verme - ¿Cómo estas?- parecía que estaban sincronizados para hablar a la vez. Parecían un gato que controlaba a su ratón para que no se le escape y yo los miraba a ambos alternativamente.

 

- Si, estoy bien pero…

- Cuando llegaste a casa te desmayaste a de ser por el estrés que tenías – contesto mi madre que entro en la habitación con un vaso de agua – toma

- ¿Y ustedes?

- Jerry llego atrás de tu y Nicholas al rato, no quisieron irse – mi madre les reprocho con la mirada a ambos, ella sabía que por culpa de ellos yo estaba así.

- Tengo que levantarme, he de hacer deberes… - hice ademán de bajarme de la cama pero dos manos no me lo permitieron.

- Tu no te mueves de acá – comenzó Nicholas

- Tienes que descansar – termino Jerry.

- Pero…

- Pero nada – finalizo mi madre

 

Me resigné. No podía discutir contra ellos iba a ser una batalla perdida y no tenía fuerzas. Me solté de la mano de ambos, no tenía ganas de pelear ni de dejarlos ganar. Me di la vuelta y me escondí entre las frazadas, después de eso no sé que más ocurrió con ambos.

 

Desperté con la oscuridad rodeándome, era de noche. Asustada y sintiéndome vacía me senté en la cama media perdida, no sabía que buscaba pero sabía que algo me faltaba. Me recosté sobre un costado pensando, di con el tesoro de mi búsqueda.

 

Estaba necesitando a los chicos, no sabía a cual pero quería tener a ambos cerca de mí para llenar el vacío que sentía. No quería jugar con ellos, no los usaría pero no podía tenerlos lejos. Los lazos que había formado con Jerry eran muy fuertes, lo conocía desde siempre y nunca lo había necesitado tanto como ahora, solo habían pasado unas pocas horas desde la ultima vez que lo había visto y ahora había creado en mi una dependencia. Y con Nicholas era lo mismo solo que a él lo conocía de apenas unos días.

 

Observé el reloj en mi mesita de noche, marcaba las cuatro treinta, faltaban más de cuatro horas para que los rayos de luz del sol se filtraran por los espacios de mi ventana, me volví a recostar sin cerrar los ojos mirando el techo sin ver, perdida en mis pensamientos, ese día no iría al instituto por orden e mi madre y de mis amigos, si es que ellos se consideraban mis amigos. Jerry debía de pensar que entre nosotros pasaría algo más, que nuestra relación llegaría a pasar de nuestra amistad. Y Nicholas, creyendo que podíamos llegar a conocernos y seguir adelante con lo nuestro sin ningún obstáculo. Se equivocaba si había un obstáculo, Jerry. Ambos era un obstáculo para poder tener una relación limpia con cualquiera de los dos, ambos me quería, yo quería a ambos y no sabía que hacer.

 

Cerré los ojos, me encontré con sus rostros en mis parpados mirándome fijamente con una mirada de suplica que me pedían que los protegiera y transmitían la sensaciones de querer estar a mi lado a cada segundo ¿Cómo vivir con eso? No podía, abrí los ojos otra vez mirando al techo, tendría que elegir, uno de los dos pero como hacerlo. Jerry había corrido a mi luego de saber que su noviecita lo engaño, no podía confiar muco. Y Nicholas, con Nicholas no había nada malo porque recién lo conocía ¿Qué iba a hacer?

 

Capítulo trece –  Una emergencia o algo parecido.

 

Era imposible volver a cerrar los ojos, cada vez que lo hacía me encontraba con sus rostros, ambas miradas me llenaban de culpa y no podía evitarlas. Me levante y caminé al baño, al pasar por la ventana me encontré con en la mesa bajo ella las flores que Nicholas me había dado, marchitas, las miré con tristeza. No las iba a quitar todavía no.

 

Entre al baño y me senté en el piso frío, eso me haría bien para pensar, tenía mucho en que pensar, pensar y pensar, estaría toda una vida pensando y pensando sin llegar a ninguna conclusión. Debería dejar que el destino siguiera su curso y decidiera por mí, ya que me era imposible elegir, mi situación era la misma que cuando a un niño se le da a elegir entre unos caramelos o un juguete nuevo. Elija cual elija luego querrá el otro sin importar lo que pase.

 

Tenía que hablar del tema con alguien y ya no era posible que lo charlara con Jerry, era más que imposible. Como pedía que en esos momentos que Kristen apareciera por la puerta y me escuchara, que me diera sus concejos, esos que siempre me ayudaban, que me protegían y en ocasiones me hacían reír.

 

Kristen, hace meses, casi un año que no la veo ¿Por qué? He de suponer porque se fue a vivir a otro país.  Me había visitado por última vez quien sabe cuando. Se había mudado por su familia, por problemas económicos, su padre había terminado por aceptar un trabajo con el que podían vivir sin preocuparse si les faltaba algo. Pero ahora a mi me faltaba algo, ella me faltaba, me hacía mucha falta.

 

A todo esto ya eran las cinco y diez minutos. Busque mi teléfono entre la ropa sucia donde estaría mi pantalón, el último que había usado. Marqué su número y la llamé. Estaba loca por hacerlo a esa hora de la madrugada y después de casi un año de ausencia, pero ella ya me conocía y no le importaba.

 

- ¿Hola? – me contestó una voz media dormida, yo diría que toda dormida, se parecía a la de Kristen cuando la llamaba los días de instituto que se quedaba dormida.

- ¿Kris? – pregunté a pesar de que sabía que era ella la que me hablaba.

- ¿Charlie? – ahora su voz no sonaba dormida sino que parecía sorprendida, no esperaba mi llamado.

- La misma de siempre – le informé mientras sonreía para mí ya que nadie podía verme.

- ¡Charlie! – gritó efusivamente parecía que ya se le había quietado todo el sueño – ¿Por qué nunca llamas?

- Kristen, ¿Dime qué es lo que estoy haciendo justo ahora? – le pregunte feliz de poder comunicarme con mi mejor amiga.

- Me estas llamando – afirmó – pero solo lo haces con una emergencia o algo parecido ¿Qué tienes?

- Jerry…

- ¿Qué le sucedió? – pregunto alarmada ella, los tres éramos mejores amigos o aún lo seguíamos siendo pero quien sabe, el tiempo y la distancia lo arruinan todo. No eran dos palabras para estar juntas en una oración cuando se referían a amistad o romance.

- Nada, a él nada – contesté lo más seria posible, no quería preocuparla, solo necesitaba hablar con ella un rato, calmar mis nervios como siempre.

- ¿Entonces? – preguntó con la voz alarmada, como yo no la quería escuchar – cuéntame ya Charlie Fuxson!

- CreoquemeenamoredeJerry – largué de una vez y sin vueltas.

- ¿Que? – me gritó desde el otro lado del teléfono.

- Lo que te he dicho, no quiero repetirlo – dije algo avergonzada por habérselo contado.

- Bueno, pero… Hay! No sé que decirte! – me dijo un tanto confundida.

- No sé… pero dime algo ya! O me voy a volver loca! – le pedí, no aguantaba más necesitaba que alguien me dijera que hacer, con quien quedarme, algo, lo más mínimo.

- Pero, espera ¿Cuál es el problema de eso? – pregunto ella

- Nicholas…

- No, solo se llama Jerry – me corrigió mi amiga, a lo qué yo pensé que si así fuera y solo sea una persona sería mucho más fácil.

- No es el mismo – comencé con la explicación nerviosa por lo que dría.

- ¿Cómo que no es el mismo? Ay amiga la verdad no te comprendo para nada.

- Lo siento, me gusta contarlo, ya me conoces – dije apenada.

- ¿Sabes qué? Tengo una idea, mañana voy a estar ahí a primera hora – dije y colgó el teléfono para que no tuviera oportunidad de reprocharle nada.

 

Continué con el teléfono pegado a mi oreja unos minutos más sin entender lo que pasaba. Cuando pude reaccionar, lo dejé a un lado y me recosté sobre el piso frío intentando pensar en que había sido lo que paso.

 

Capítulo catorce – Recordando momentos.

 

Me había quedado dormida en el piso del baño, el sol ya entraba por la ventana que había junto a la bañera. No me desperté hasta que sentí mi teléfono sonar. Aún dormida y con los ojos cerrados lo busque por el piso, cuando lo encontré, contesté.

 

- Hola – pregunte con la poca voz que tenía por el sueño.

- Charlie ¿Cómo estas? – pregunto Jerry algo feliz y preocupado a la vez.

- Ah, hola – saludé sin comprender con quien hablaba, seguía un poco inconciente por el sueño – Jerry – grité al darme cuenta - ¿Qué hora es? – pregunte e intenté ver la pantalla de mi reloj.

- Son las ocho, no te desperté verdad, supuse que estarías levantada – contestó afligido.

- No te preocupes ya estoy levantada y estoy bien.

- Ah, okey, entonces te dejo que tengo que entrar a clase, te veo al mediodía – se despidió pero lo frené antes de que cortara.

- No puedes venir hoy, te llamo cuando pueda y te aviso. Nos vemos – corté yo para no darle oportunidad de quejarse.

 

Me levanté y me acerqué a la bañera, prendí el agua, me desvestí y entre a bañarme, no quería dormir otra vez, encontré mi mp4 ahí cerca y lo prendí con altavoz y comencé a ducharme mientras cantaba recostada en la bañera, parecía que disfrutaba lo que hacía, en una parte de mi sabía que este sentimiento de felicidad era una mentira, otra parte me decía que era verdad que me sentía feliz porque Kristen vendría y eso para mi también era verdad, sabía que podía sentirme triste pero no lo estaba porque mi mejor amiga volvería, y solo porque la llamé.

 

Salí del agua, aún cantando y bailando, divertida. Me cambié con una del as mejores ropas que tenía y solo para recibir a mí amiga Kristen, mi mejor amiga de toda la vida.

 

Era una felicidad fingida lo sabía pero la necesitaba. Luego de cambiarme aún con mi mp4 prendido. Bajé al living de mi casa a esperar, mi madre no estaba, porque trabajaba de lunes a viernes en su panadería y se iba temprano para preparar el pan y todo lo demás.

 

Miré mi reloj, las nueve menos cuarto. Kristen había dicho que venía a primera hora pero cuando era primera hora. Pasó un rato y sonó el timbre. Salté del sillón y corrí a la puerta, abrí sin preguntar quien era.

 

- ¡Kris! – grité y me tiré a sus brazos.

- ¡Charlie! – ella también me abrazo.

 

Unas lágrimas corrieron por mi mejilla. No sabía exactamente que sentimiento me invadía en ese momento pero lo único que pude hacer fue mantenerme entre sus brazos aferrada a ella. No quería soltarla en ningún momento, tenía miedo de volver a perderla.

 

- Puedes soltarme Char – me dijo intentando separarse un poco de mis brazos – todavía no me voy.

- Déjame, ya paso casi un año sin verte – dije sin soltarla.

- Eres imposible amiga – me dijo riendo leve pero no me soltó.

 

La solté luego de unos segundos, había sido un error dejarla ir. Debía estar con ella hasta el último segundo, no podía vivir otro año sin ella.

 

- ¿No vas a invitarme a entrar? – preguntó aún parada en el umbral de mi casa con las maletas en el piso.

- Lo siento, entra – dije tomando sus maletas y me corrí para dejarle lugar – ¿tu no vas al colegio? – pregunte, ella estaba en el mismo año que yo y todavía faltaban meses para las vacaciones.

- No, justo esta semana no tengo, ya que están remodelando el instituto y nos han dejado libre – explicó caminando por mi living.

- Ah, ¿y por cuanto piensas quedarte? – pregunte entrando con las pesadas maletas a mi casa, las deje cerca t me volví a cerrar la puerta.

- Una semana o más, ¿te molesta? – pregunteo sentándose en un sofá. Me senté junto a ella feliz.

- ¿Cómo va a molestarme? Por mi quédate toda la vida, no me importa.

- Bueno si tu quieres me mudo ya – bromeó.

- ¿Quieres comer algo? – pregunte levantándome.

- Bueno dale, hagamos un torta – sugirió sonriendo.

 

Me volteé a verla y sonreí como ella. Sabía cuanto me gustaban las tortas y sabía cuanto añoraba esos mementos y seguro ella igual. Deje escapar una lágrima mientras me encaminaba a la cocina para recordar esos momentos tan felices que ya casi no recordaba.

 

Capítulo quince – Son cosas de chicas.

 

- ¡Jerry! – grité al abrir la puerta, me horroricé al darme cuenta de que estaba cubierta de harina, acaba de terminar una torta y tenía a Kristen en la cocina y no quería que la vea – te dije que no vinieras – le dije enojada porque no quería tener problemas.

- No sabía porque decías eso así que vine porque me preocupé – contestó algo apenado – veo que te diviertes, ¿verdad?

- ¿Quién es? – pregunto Kristen entrado en el living.

 

Me arrepentí al instante por no haberle cerrado la puerta en la cara en cuanto lo vi. Miré alternativamente a ambos esperando sus reacciones. No sabía que decir o hacer, últimamente eso pasaba muy seguido.

 

- ¿Kristen? – pregunte Jerry rompiendo el incomodo silencio.

- ¡Jerry! – gritó ella antes de correr y tirarse en sus brazos.

- De verdad eres tu – parecía contento de ver a nuestra amiga y confundido a la vez y eso era por mi culpa.

- ¿Pero? ¿Qué haces aquí? – pregunto él sin entender nada.

- ¿Tu no le has dicho nada? – me consultó a mi.

- Ehmm… no… creo que se me paso, lo siento – no sabía donde meterme.

- ¡Hoy hable contigo y no has pronunciado palabra alguna sobre esto! – me acuso Jerry que no soltaba a Kristen, cosa que me dio celos.

- La verdad, yo le dije que no te diga  - me cubrió dándose cuenta de porque no le había dicho.

- Pero tú… - comenzó a quejarse.

- Pero yo se lo pedí y ahora si nos dejas – dijo empujándolo a la puerta.

- Me quiero quedar, hace un año que no te ceo – pidió él.

- No, no, tenemos cosas que hablar y son cosas de chicas, ¡Tú te vas! – le gritó medio en broma medio en serio al sacarlo por la puerta.

- Luego te llamamos – le dije antes de que cerrara la puerta – gracias – le dije a mi amiga.

- Creo que una torta nos espera y tú tienes mucho de que contarme.

 

Después de haber sacado la torta del horno y ordenado todo Kristen me lanzo una tormenta de preguntas, las cuales no quería responder nunca, pero conociendo a mi amiga lo haría tarde o temprano. Ella prefería temprano y yo tarde, muy, muy tarde.

 

- ¡Deja de limpiar y respóndeme ya! – me quitó el trapo de la mano y me obligo a sentarme.

- Pero yo… es que…

- Cuéntame todo de todo – quiso saber.

- Bueno, todo empezó con Mary…

 

Pasaron tres horas cuando terminamos de conversar sobre el tema, aunque a decir verdad solo habíamos comenzado, aún quedaban muchas cosas sobre las que ella quería preguntar y de las cuales no quería relatar.

 

Un mensaje en mi celular fue lo que corto nuestra tan entretenida charla.

 

“¿Nos juntamos esta noche?” preguntaba Nicholas del cual ya había contado todo a Kristen.

 

- ¿Qué vas a hacer? – pregunto ella sosteniendo mi celular a la espera de mi respuesta para enviársela – te sugiero un si.

- Dile que no – dije sería.

- ¿Cómo que no?

- ¿No acabas de escuchar lo que te dije? – pregunte refiriéndome a mi historia.

- Esta bien – escribió el mensaje y lo envió – listo, pero tienes que elegir a alguno, no puedes jugar con ellos.

- Si, lo sé.

- Bueno entonces ahora salgamos nosotras – sugirió ella mientras buscaba ropa en su bolso.

- Estamos a mitad de semana, tengo escuela mañana.

- Dale, nunca debes faltar, un día no te hace nada.

- Bueno esta bien – no me costo mucho decidirme.

- Me baño primera – gritó ella y corrió al baño con su ropa.

 

Capítulo dieciséis – Una cena.

 

- Ponete este – me lanzó un vestido que nunca había usado ya que lo consideraba demasiado corto para mí, era color púrpura el  cual le asentaba bien al color de mi piel. Le hice una mueca, la cual decía que ese no – es muy lindo y te quedará genial.

- Esta bien…

 

Entré al baño para cambiarme el vestido, antes de hacerlo recogí mi cabello en un rodete para que no mojara mi vestido. Me quité la bata y me puse el vestido. En mi pequeño baño tenía un espejo de cuerpo entero tras la puerta, me pare frente a él y me observe. Kristen tenía razón no me quedaba tan mal.

 

- Date prisa – me gritó dese el otro lado de la puerta.

- ya estoy – dije al salir.

- Si pero tu pelo no – me miró y se acercó a mi para llevarme a la silla de mi escritorio que estaba frente a un espejo y comenzó a peinarme. Antes de eso dejo mi celular en el escritorio.

- ¿Qué hacías con eso? – pregunte tomando mi celular.

- Solo le avisaba a mi madre como iba todo, no tengo crédito yo – me explicó y lo volví a dejar donde estaba.

 

- ¿Te peino? – pregunte cuando ella termino mi peinado.

- Dale – cambiamos de lugar y comencé a arreglar su pelo rubio, largo y sedoso. Forme una trenza cocida poniendo una bincha rosa al frente, que hacía juego con su vestido de igual color – te espero abajo.

- Esta bien.

 

Ella salió de la habitación y yo me quede terminado de ordenar todo lo que habíamos tirado. Al cabo de unos minutos cuando ya había guardado todo tomé mi cartera y salí de mi habitación.

 

- Ya es… - me callé al ver a mi amiga charlando entretenidamente con Nicholas, son con Nicholas mi nuevo amigo. Ella parecía muy entretenida, no habían notado mi presencia y él tampoco. Me hice notar tosiendo levemente, ambos levantaron la mirada en mi dirección. No sabía a cual mirar y hablar primero. Si preguntarle a mi amiga o a Nicholas que hacía ahí.

 

Ambos estaban más quietos que yo, supongo que esperando mi reacción ¿Qué hacer primero? Echar a Nicholas de mi casa o gritarle a Kristen hasta el cansancio. Sabía que yo no quería hablar con ninguno de ellos dos sin embargo lo hizo y le dijo que si a Nicholas en mi mensaje.

 

- Yo lo invité – me explicó aunque eso era obvio, por eso había usado mi teléfono.

- ¿Algo que no sea obvio? – pregunte terminando de bajar las escaleras APRA reunirme con ellos en el living de mi casa.

- Bueno en verdad me hablaste tanto de Nicholas que quería conocerlo entonces organicé una cena entre amigos, tu madre trajo pizzas de la panadería.

 

Ella quería meterme en más problemas, definitivamente quería eso. Yo la había invitado para que me ayudara pero no ello lo empeoraba todo. Si, le había contado todo sobre Nicholas, pero no para que exagerara, como se supone que me iba a ayudar si yo no le contaba sobre él. Ahora estaban ambos en mi casa esperando por una cena en la que seguro saldría el tema que tanto intentaba ignorar.

 

Capítulo diecisiete – Matar a mí amiga.

 

- Estaré mi habitación – nos informó mi madre luego de dejarnos la comida en la mesa.

- Gracias señora Fuxson – agradeció Nicholas.

- De nada – contesto ella y luego miro a Kristen – que alegría que estés acá.

- Lo mismo digo – objeto Kristen y luego mi madre se fue.

 

- ¿Y cómo has estado? – me pregunto Nicholas a la vez que cogía una porción de pizza al igual que Kristen.

- Bien supongo – respondí algo cortada.

- Estabas también la otra tarde en la plaza y ayer que no reaccionabas, me alegra que ahora estés bien y que ella este acá contigo.

- Si es genial – sonreí porque de verdad estaba feliz por tener a Kristen conmigo otra vez.

- A mi también me alegra estar acá – agrego ella para hacerse participé de la conversación.

- Si, bueno y ¿por qué te desmayaste el ayer?

 

No tenía que haberme hecho esa pregunta porque ahora no tenía la respuesta. Que debía decirle que me había estresado porque Jerry me había estado besando, no, no podía ser tan cruel con la gente, pero entonces que le decía. Miré a Kristen en busca de ayuda, ella sabía el porque y sabía también que ere porque no era el correcto. Ella estaba en la misma que yo, no sabía que decir. Así que tuve que improvisar.

 

- Creo que me había bajado la presión… o algo así.

- ¿Y Jerry qué hacía acá? – pregunto, creo que eso le interesaba más que lo anterior.

- Creo que lo mismo que tu – expliqué – si no recuerdas yo estaba desmayada.

 

Ya íbamos por la mitad de la pizza y la cena no iba de lo mejor. Quería que ya terminará todo así Nicholas se iba para comenzar a gritar a Kristen.

 

- Me parece que ustedes dos tiene que hablar de algo ¿no? – pregunto ella y la fulminé con la mirada, estaba decidido: Nicholas se iba y yo la mataba-

 

Yo la consideraba mi mejor amiga. Pero ¿De verdad lo era? ¡Ella me metía en más problemas! Que pretendía que yo termine en brazos de Nicholas, no creo que eso sea posible, yo había dicho que no quería a ninguno o ¿Todavía no me había decidido? Al parecer no.

 

- Bueno, la verdad es que estoy muerta, el viaje fue cansador ¿No les importa si me marcho? – pregunto mientras se levantaba de la mesa y nos echaba miradas a ambos.

- Esta bien – respondió rápidamente Nicholas captando el doble sentido de mi amiga por lo que enrojecí al segundo.

- Hay torta – nos avisó ella antes de poner un pie en la escalera - la que hicimos hoy Char.

- Si, gracias – le dije con un tono irónico.

- Bueno creo que tenemos que hablar ¿no? – pregunto Nicholas a la vez que se levantaba y me ofrecía su mano para ir al sillón. Tímidamente la tomé. Se sentó demasiado cerca mío y eso me incomodo pero a él no por lo que se espero para que yo le hablará sobre el tema que tanto me asustaba.

 

Capítulo dieciocho – En el sillón.

 

- Bueno – comenzó él luego de unos minutos de un incomodo silencio en el que solo nos observábamos, sus ojos grises claros se posaban en mi rostro por largo tiempo y observaban las facciones de mi cara como mis ojos color verdes hacían con su rostro, no sabía porque pero me sentía a gusto mirándolo, si estaba avergonzada pero al mismo tiempo era agradable.

- ¿Si? - pregunte tímidamente mirando mis manos apenada.

- ¿En que situación quedamos la última vez? – pregunto y a la vez que él intente recordarlo.

- La plaza – le recordé aunque esa no había sido la última vez que lo había visto así habíamos quedado; el me había besado y luego relatado su historia con su antigua novia.

- Ah, si, lo recuerdo. Pero luego nos vimos aquí, cuando estabas desmayada.

- Es esa ocasión no hablamos mucho…

- Es verdad, ahora si podemos.

 

Me miró y sonrió sus dientes blancos relucieron en un sonrisa que me derritió. Se acerco a mí despacio sin apurarse. Su mano voló a mi mejilla, suave al tacto, recorrió mi rostro grabando cada detalle de su recorrido. Sentí que mi corazón se aceleraba, me quedé dura como una piedra, no me quejé por lo que hacía, solo lo miré a los ojos mientras sonreía bobamente. Sujeto mi mano con la suya libre y se acerco más a mí hasta que pude sentir su  aliento en mi rostro. Suspire, sonrojándome.

Me miro pidiendo permiso para acercarse, no supe que responder. Él lo tomó como un si y se acerco tanto como que nuestros labios se rozaran- Llevé mi mano junto con la de él hacía su mejilla y la deslice suavemente.

 

No era exactamente lo que quería que sucediera en esa cena pero la situación me llevaba sola. No había otra cosa que hacer, no quería negarme y ya no podía. El beso cada vez era más profundo. Me gustaba y me dejaba sin aire.

 

Se inclinó hasta que yo quede recostada en el sillón y el sobre mi, lo separe antes de ir más lejos. No debía pasar nada más, no quería, no debía y no se podía. Todavía yo no decidía nada, mi madre me mataría y también estaba Kristen en la casa.

 

- Nicholas no – dije separándome de él, empujándolo para que se levantara.

- No haré nada – prometió recostándose a mi lado como si pretendiera pasar la noche ahí.

- Es tarde – informé, si pretendía irse debía hacerlo ahora.

- No – dijo implemente,  me abrazó acomodándose en mi hombro.

 

No me opuse a nada, en realidad me encontraba, de verdad que lo estaba disfrutando. Terminaría por agraceruelo a Kristen. Había cambiado de opinión en tan solo unas horas y solo por un beso.

 

- Esta mal – inquirí sin quitar la mano de su espalda y la otra de su cabello con el cual jugaba.

- Ahora no me importa – dijo él sin moverse de donde se encontraba.

 

¿Qué iba a pensar mi madre, si me veía así? ¿Lo toleraría? Yo le había mentido a ella porque Nicholas no iba al instituto, ni estaba un grado por debajo de el mío, al contrarío iba por dos más arriba eso significaba que ya no estudiaba, cuestión que la molestaría más por el día de la fiesta, de la cual no había vuelto con Jerry si no que había pasado la noche con un desconocido.

 

Volví a la realidad y observe a Nicholas, parecía un angelito, peinaba su cabello negro sintiendo que cada vez estaba más dormido que despierto.

Sentí que mi mano se rendía, quedo apoyada sobre su espalda esperando por alguien que me obligara a soltarlo.

Capítulo diecinueve – Escapando.

 

- Tendría que despertarlos – comento una voz.

- Se ven tan tierno – dijo otra.

- Esperare un rato más - informó mi madre a mi amiga.

 

Yo por mi parte no quería abrir los ojos estaba muy a gusto en donde me encontraba, estaba abrazada a el chico más lindo y tierno del mundo, bueno en realidad eran dos chicos, Nicholas no era él único y eso luego tendría que elegir. Pero ahora no quería pensar en ello, me abrace más a mí… Bueno no sé le dice a alguien que no es tu novio pero es más que un amigo.

 

Lo sentí moverse a mi lado pero no tanto como estar despierto, entonces me acomodé como para seguir durmiendo sin importarme que mi madre y Kristen, mi amiga a la cual todavía pensaba gritarle, nos miraban.

 

- Char – escuché la voz de Nicholas cerca de mí.

- mm... – murmuré soñolienta, sin querer abrir los ojos por la luz del sol que entraba en la habitación.

- Buen día – saludó y presiono sus labios contra los míos.

 

Eso me sorprendió ya que todavía no estaba acostumbrada a los besos. Abrí un ojo lentamente y lo observe, me miraba fijamente eso me hizo sonrojarme. Una de sos manos acarició mi mejilla al notar el rubor. Cerré los ojos para disfrutar de eso. Al rato los abrí otra vez.

 

- Hola – saludé media adormilada todavía.

- La mejor noche – murmuró no se si separando que yo lo oyera.

- ¿Eh? – me hice la que no lo había escuchado.

- Nada, olvídalo – sonrió y beso mi mejilla – al final no hemos hablado ayer.

- Si es verdad

- ¿Quieres que nos escapemos la plaza? - pregunto levantándose.

- ¿Pero Kristen? ¿Mi madre?

- Por eso mismo – me ofreció su mano.

- Esta bien – tomé su mano.

 

- ¿A dónde van? – nos atrapo mi amiga cuando caminábamos a la puerta.

 

Me di la vuelta maldiciendo por lo bajo, volteé a ver a mi amiga y le supliqué con la mirada.

 

- Ven – me llamó para ir a mi habitación.

- Espérame – dije a Nicholas soltando su mano para ir  hacía las escaleras.

 

- ¿Qué quieres? – pregunte, no estaba de humor para hablar con ella y menos en ese momento.

- Arréglate un poco – me sugirió y me empujo a mi baño.

 

Me lavé los dientes y la cara. Peine mi cabello. Al salir ella me tiro una remera limpia y un short. Me los cambie rápidamente. Cogí mi celular y corrí escaleras abajo.

 

- Te ves linda – sonrió de lado a lado.

- Vamos – tome la mano de Nicholas y tiré de él para desaparecer por la puerta.

 

Capítulo veinte – Lo voy a intentar.

 

- Otra vez igual – lo miraba fijo a los ojos.

- ¿Pasará lo mismo? – pregunto levantándose de la hamaca y como lo había hecho antes me tendió la mano pero sin decir nada, lo seguí.

 

Se recostó contra un árbol y me sentó en sus piernas acunándome contra su pecho. Suspiré y cerré los ojos pensando en lo que diría.

 

- No quiero presionarte, no quiero mentirte y tampoco perderte – comenzó pensando cada una de sus palabras.

- No te sigo.

- No quiero mentirte al decir que ya olvide a Destinity y al decirte que no te amo.

- Nic…

- Déjame seguir. Quiero que estés comigo para siempre, eso significa que no te quiero perder. Me olvidaré de Destinity porque ahora te amo a vos.

 

Acomodé mi cabeza contra su pecho demasiado feliz por lo que decía. Era el primero que me lo decía.

Al pensar eso me acorde de Jerry e hice una mueca de dolor al pensar en él.

 

- ¿Qué va mal?

- Jerry – solo el pronunciar su nombre basto para que Nicholas entendiera lo que sucedía.

- A eso me refería con lo de no presionarte – me explicó.

- Lo siento.

- No es tu culpa  - me calló con un abrazo – ¿pero tu quieres intentar que tengamos algo?

 

Pregunto tartamudeando ante cada palabra a causa de la vergüenza que sentía. Note que toda la sangre de su cuerpo se acumulaba solo en sus mejillas. Gire mi rostro y lo vi con los ojos cerrados esperando que yo dijera algo.

 

Esta decidido iba a intentar tener algo con Nicholas. Tenía suficientes razones que me permitían estar con él.

 

Me gustaba y mucho aunque solo lo conocía de hace una o dos semanas. Era tierno y dulce, el confiaba en mi palabra aunque eso no contaba mucho ya que nos conocíamos hace poco y no había muchos secretos entre nosotros. Teníamos que empezar nuestra relación desde cero. Sabía que el estaba siendo sincero conmigo al decir que me amaba. Él no me cambiaría por la chica más linda y popular del instituto.

 

Me separé de él despacio y lo observe. Seguía con los ojos cerrados a la espera. Me acerqué a su rostro, coloqué una mano en su mejilla y la dejé un rato allí sin moverme. Me acerqué hasta poder besarlo, sentí sus labios duros bajo los míos. Parecía sorprendido y por eso creo que no se movía. Tomé su rostro entre mis manos y lo apreté más contra mí. Quería decirlo que estaba todo bien. Esta vez si respondió, contestó a mi beso con fervor y entusiasmo. Sostuvo mi rostro entre sus manos y me separó de él.

Lo interrogué con mi mirada, no sabía que pasaba en ese momento por su cabeza.

 

- ¿Entonces? – pregunto observándome - ¿Es un si? – pregunto con miedo a mi respuesta.

 

Lo único que pude hacer fue asentir con la cabeza mientras sonreía y él se acercaba a besarme otra vez.

 

Capítulo veintiuno – Todo termino.

 

- ¿Entonces ahora sales con él? – me sorprendí al escuchar su voz.

 

Me separé de los labios de Nicholas sobresaltada por su repentina aparición, parecía decepcionado, enojado y triste, todo a la vez. Miré a Nicholas y luego a Jerry.

No había aclarado nada con Jerry aún. Ni siquiera lo de Kristen.

 

- Jay, es que… - comencé pero no supe como seguir.

- No digas nada, lo entiendo todo – se dio la vuelta y camino en dirección a nuestras casas.

- ¡Jay! ¡Espera! – grité y me levanté para correr tras él. Nicholas no se opuso ya que confiaba en mí.

- Charlie, te espero en tu casa – me avisó para luego marcharse.

 

No le presté demasiada atención y corrí hasta alcanzar a Jerry y poder sujetarlo del brazo para que frene.

 

- Déjame – pidió con la voz quebrada.

- Escúchame – supliqué ya que no podía dejarlo ir sin explicarle nada sobre lo ocurrido.

- ¿Qué me vas a decir? ¿Qué me usaste el otro día?

- ¡Yo no te use! – le grité conteniendo la rabia que se acumulaba en mi.

- Nos besamos – me recordó – y ahora andas con él, que ni lo conoces.

- Si lo conozco, no te importa con quien ando. Ya se que nos besamos y yo te dije lo que sentía y a vos no te molesto en ese momento. Yo te avise de Nicholas y ¡Tú insististe!

- ¿¡Ahora la culpa la tengo yo!?

- No, pero…

- Mejor déjalo ahí, no soy idiota se lo que prefieres.

- Como tu preferiste a Mary la otra noche, gracias a ti conocí a Nicholas.

- Ya te pedí disculpas por lo de Mary.

- Pero as disculpas no cambian nada, tu no confiaste en mi.

- No se si hubo alguna vez en la que de verdad pude confiar en ti ahora que no lo pienso.

- Lamento haberme cruzado por tu vida y arruinarla – le grité y salí corriendo con las lágrimas desbordando por mis ojos.

 

Ahora sabía lo que sentía la gente en las novelas cuando lloran por la pérdida de alguien, sentía un vacío en medio del pecho como si alguien me hubiera arrancado un pedaso de mí. Me encontraba en una habitación oscura en la que no hay ni una pizca de luz.

Recordaba cada momento que había pasado en compañía de Jerry, todos mis recuerdos eran nítidos y perfectos hasta hace unas semanas. A veces pensaba que una amistad de una década duraría por mucho más que eso pero que fácil se rompía esa relación, en tan solo unos días.

 

¿Cómo podía permitir eso? ¿Qué mi relación con Jerry terminará? Así como si nada. Eso no cabía en la lista de deseos a cumplir, pero la verdad era que si Jerry no creía lo que yo le decía para que seguir intentando.

 

Yo había decidido por alguien y quería progresar con Nicholas, que mi relación dure más que lo que había durado con Jerry a mi lado.

 

Llegué a mi casa con las lágrimas. Volando en mis espaldas, a cada paso que daba. Todavía no me daba cuenta de lo que estaba pasando. Ya no tendría nunca más a Jerry, eso era imposible de pensar pero era la realidad y no se podía cambiar nunca más. Ya todo estaba hecho y no había vuelta atrás.

Capítulo veintidós –  Te quiero.

 

Nicholas me esperaba en la entrada de mi casa junto a Kristen. Así como estaba llorando y demás me arrojé a los brazos de él sin poder contener el llanto. Se me había roto el corazón y lo necesitaba.

Mi amiga nos miró y salió corriendo en dirección a la plaza en busca de su amigo.

 

Como todavía era entre semana mi madre trabajaba y se suponía que yo estudiaba pero me había dado el día libre por la cena de la noche anterior.

 

Nicholas me llevó dentro de mi casa y nos sentamos en los cómodos sillones del living. Me acunó en sus brazos. Esperando a que yo pudiera hablar o dejar de llorar por lo menos. No podía dejar de pensar en Jerry, no quería perderlo, no después de haber vivido tanto, eso no podía pasar. Teníamos tanto en común. Qué si alguien nos conocía más pensaría que somos hermanos.

 

Pero ahora ni eso pasaría, no seríamos ni hermanos, ni amigos, no novio ni nada ¿Podría vivir con eso? Es decir, ¿Sin eso? Ya lo vería.

 

No podía hacer pasar por eso a Nicholas, él no había hecho nada malo no tendría que pagar por mi lamentos, era injusto para él.

 

Me limpié un poco la cara, borrando las lágrimas que había derramado por Jerry, no las merecía. Nicholas me acarició el pelo sin decir nada.

 

- Lo siento – me disculpe hipeando por el llanto – levantando un poco la vista pude ver a mi madre cerca nuestro, ella sentía el dolor que yo sentía. No quería que me vieran así.

- No te preocupes, no es tu culpa  me consoló él.

- Si la es – repliqué.

- No importa ya – me di un beso en la cabeza mientras acariciaba mi espalda – ¿por qué mejor no te acuestas a descansar?

- No quiero.

 

Respondí pero luego lo pensé mejor, él no quería que me de otro ataque, no quería verme sufrir. ¿Cuán grande podía ser el amor de una persona que apenas te conoce? El amor no tiene límites, es libre, te invade cuando no lo esperas, y se queda para siempre. ¿Era el caso de Nicholas? ¿Sentía ese amor por mí? ¿O todavía pertenecía a Destinity? Nunca lo sabría a no se que entrará en su mente para saberlo. Tenía que confiar un poco en él.

 

- Mejor si – le comuniqué – quiero acostarme, acompáñame – me levante y lo tomé de la mano para ir a mi habitación.

 

Me espero sentado en mi cama mientras yo me aseaba, primero tome una ducha. Cuando ya estaba limpia y con mi pijama de siempre. Salí y me acosté entre las sabanas. El se levantó como para irse, pero lo detuve, tomándolo de la mano.

 

- Quédate – le pedí, no me quería quedar sola.

- No es correcto.

- No me digas lo que es correcto ahora – lo miré con los ojos más tiernos que pude hacer, ya que todavía seguían hinchados por el llanto y no se negó.

- Esta bien – se volvió a sentar cerca de mí. Tiré de él para que se recostara a mi lado aunque sobre las sabanas y me acomode sobre su pecho.

 

- Te quiero – confesé con los ojos cerrados y sujetada a él. No te como se sorprendía a mis palabras.

- Yo también – contestó – duerme – me beso en la mejilla – en unas horas te llamo – avisó ya que solo era el mediodía.

 

- A ver tortolos – mi madre entró en la habitación con una bandeja con la merienda, era abundante ya que no habíamos almorzado.

 

Nos despertó a los dos ya que Nicholas también se había dormido a mi lado. Me asusté al escucharla ya que pensé que me retaría por Nicholas pero no dijo nada y me sonrió.

 

- Lo siento señora Fuxson, es que... – Nicholas se quería disculpar pero mi madre lo detuvo.

- Esta bien recuerda Charlie que mañana viernes regresas a la escuela y ya no faltaras tanto – avisó y salió de mi habitación.

 

- Bueno parece que solo nos quedan unas horas juntos – tomo una tostada y me ofreció.

Capítulo veintitrés – Con Kimi.

 

- Iré de compras, no te preocupes por mi – dijo mi amiga antes de que yo me fuera para el instituto. Ella había regresado por la noche, había pasado toda la tarde con Jerry y eso me molestaba un poco pero seguro lo había hecho para dejarme tiempo a solas con Nicholas. Cuando ella volvió no se hablo del tema y le agradecí por eso.

- Esta bien nos vemos a las tres – la saludé y me fui al colegio.

 

Salí de la casa al mismo tiempo que Jerry lo que lamenté. Lo ignoré y caminé al instituto sin mirarlo.

En la esquina Nicholas me esperaba. Me sorprendió ya que o me había avisado.

 

- Hola – me saludo con un pequeño beso en los labios pero sin despegar la mirada de Jerry quien también nos observaba, paso a nuestro lado y siguió sin detenerse. Volví mi vista a Nicholas.

- ¿Qué haces acá? – pregunte sonriendo abrazada a su cintura.

- Acompañarte al colegio antes de ir a trabajar.

- Todavía no te conozco ¿De qué trabajas?

- Administración en un restaurante.

- Wow que bueno – dije admirándolo.

- El papá de Jack es el dueño.

- Ah, es perfecto.

- Bueno vamos que llegaremos tarde – caminamos al instituto rápidamente, llegamos justo cuando sonó el timbre – nos vemos después.

- No, quedé con Kristen… te llamo – le prometí y lo bese antes de entrar.

 

Esa mañana tenía clase de literatura, mi materia preferida. Materia que compartía con Jerry, me sentaba con él. Al llegar me pare en la puerta del aula buscando otro asiento libre para ocupar que no fuera el de siempre.

 

- Hola – saludé a Kimi y me senté con ella.

 

Kimi era otra de mis amigas, alta, flaca, con pelo castaño oscuro a diferencia del mío, tenía unos hermosos rulos, bien formados. Y sus ojos era color verde claro, era muy linda. Me caía bien ya que siempre era amable con todos. Y siempre podías divertirte con ella.

 

Omití mirar a Jerry al entrar.

 

- ¿Cómo andas? – me saludo ella.

- Bien – respondí sonriendo – Sabes en casa esta Kristen – le informé ya que ella también era amiga nuestra.

- ¿De verdad? ¿Cuándo llegó?

- El miércoles por la mañana se quedará una semana.

- Que bueno, yo ya pensaba que hacía mucho que no la veíamos.

- Si quieres cuando salimos vienes con nosotras.

- Si estaría genial.

 

Las horas pasaron lentas y aburridas. Los profesores me dieron la tarea de los días que me había perdido.

En la clase de matemática no tuve otra opción que sentarme con Jerry, procuré no mirarlo en ningún momento y lo logré. Por su parte no me dirigió la palabra.

 

A la salida volví con Kimi, ella se puso muy contesta de ver a Kristen al igual que ella. Pasamos toda la tarde en la plaza. Hablamos hasta más no poder. Se hizo de noche y tuvimos que regresar. Yo había prometido hablar con Nicholas esa tarde para vernos, así que por eso decidí interrumpir nuestra charla donde Kristen nos estaba contando todo sobre su vida, como le había ido en el último año que no la habíamos visto.

Arreglamos para ir a bailar el sábado a la noche, así que yo saldría con Nicholas esta noche. Y Kristen tenía pensado pasar su tiempo con Jerry.

 

Al llegar a casa, luego de comer algo con Kristen, recién cuando ella se había metido en la ducha llamé a Nicholas.

 

- Hola – salude - ¿Quieres salir esta noche?

Capítulo veinticuatro – Nuestras familias.

 

- Estas hermosa – me apremió Nicholas besándome cuándo le abrí la puerta de casa.

 

Llevaba puesto un vestido negro, con tela de seda, bastante corito. Terminaba en volados por arriba de las rodillas y era ajustado lo que marcaba mi cintura. Era straples y tenía unos brillitos en la parte de arriba. Llevaba mi pelo castaño y largo planchado. Mi flequillo recogido en un pequeño jopo.

Me tomó por la cintura con una mano y con a  otra me acarició la mejilla.

 

- Tu también estas lindo – sonreí mirándolo tenía unos jeans tipo chupín negros, una remera blanca y una camisa a cuadros con tono azules - ¿Vamos?

- Claro – tomo mi abrigo y cartera mientras yo cerraba la puerta de la calle. Fuimos en su auto a un restaurante bastante costoso en la ciudad.

 

- Esto es muy caro – me ayudo a salir del auto.

- Y por eso te traje acá porque lo mereces – me sonrió y entramos al lugar.

- Hola Nick – saludó el mozo que nos atendió.

- ¿Cómo estas Luca? – saludo Nicholas.

- Bien, ¿La mesa de la ventana?

- Si, esa misma.

 

Cruzamos el restaurante a la vez que Nicholas saludaba a los empleados. De seguro iba siempre a ese lugar con Destinity que ya todos lo conocían. Pensé que ese sería el motivo.

 

- Char – dijo y corrió mi silla para que me sentara. Me acomodé en el lugar y lo miré.

- ¿Qué ha sido todo eso? – pregunte.

- Disculpa es que no te lo dije, acá es donde trabajo.

- Vaya, si que tienes un trabajo bueno – inquirí sorprendida.

- Si, el papá de Jack es muy bueno conmigo – comentó y me dio el menú.

- Elije lo que quieras yo invitó – al ver el menú y los precios caros imagine los platos que tendría que lavar el después de la cena.

- Es muy caro - me quejé - ¿Cómo lo pagarás?

- Me ofendes ¿Cuánto crees que gano?

- No lo sé pero aún me sigue pareciendo demasiado.

- No te hagas problema por eso.

- Esta bien.

 

Elegí uno de los platos del menú, no el más caro pero si valía bastante. Pidió lo mismo que yo y también bebida quería que tomáramos vino pero yo no tomo así que bebimos gaseosa.

 

- Parece un hermoso lugar este – comenté cuando agarré un panecillo.

- Si es genial.

- ¿Jack es muy amigo tuyo? – le pregunte, quería saber cuanto pudiera de él.

- Si desde siempre – contestó al mismo tiempo que Luca nos traía el pedido.

- Gracias – dije yo y comencé a comer.

- ¿Quieres ir a la playa?

- ¿Hoy? – cuestioné llevando un bocado a mis labios.

- Si claro solo esta a una hora de aquí – respondió.

- Seguro, me gustaría total es viernes.

- ¿No le molestará a tu madre?

- No ella no tendrá problemas y Kristen estará a fuera – comenté sin pronunciar su nombre.

- Entonces en cuanto terminemos acá nos vamos para la playa – dijo sonriendo ampliamente.

 

Reí bobamente al mirarlo sonreír me gustaba mucho su sonrisa. Cada vez que lo hacía sus labios se doblaban provocando que se formaran arrugas en sus costados y la sonrisa llegaba a los ojos. Era hermoso cuando lo hacía.

Charlamos durante toda la noche, me contó sobre su antigua escuela, lo que había estudiado y muchas cosas más sobre su vida evitando hablar de sus padres y su hermanita, me daba cuenta que eso lo ponía muy triste y que el evitaba el tema a toda costa. Imaginaba como se debería estar sintiendo.

 

A mi me había ocurrido lo mismo, con mi padre. Lo único que el no esta muerto, pero así parecía. Cuando yo cumplí los doce años el tenía un viaje de negocios por lo que no quiso asistir a mi fiesta de cumpleaños como lo había hecho en las últimas cinco, nunca estaba para esa ocasión y siempre había una excusa que yo me creía y pensaba no importa regresara con un obsequio enorme para mi y eso era cierto volvía con muchas bolsas y cosas para regalarme.

 

Pero al cumplir los doce años, ya no me creí sus historias de que por trabajo se iba porque cada una o dos semanas desaparecía por meses y nunca volvía para las festividades ya sea de mi cumpleaños u otra cosa. Así que ese año lo enfrenté, mi madre se puso de mi lado, ya que para sus cumpleaños ocurría lo mismo. Le exigimos que nos contara la verdad de porque cada unos pocos días se marchaba y no regresaba no quiso decirnos nada. Es el día de hoy que sigo sin saber el motivo. Ese día fue cuando se marcho, armo sus bolsos se fue y nunca más volvió.

 

Con mi madre lo superamos, paso el tiempo y lo olvidamos, eso era lo que hacíamos cuando el se iba olvidar que no estaba y así regresaba más rápido, el tiempo se escurría, y no importaba cuando había pasado para nosotras solo eran un par de días, siempre le perdonamos todo, pero ahora no teníamos a quien perdonar, ya que se había ido para siempre.

 

Capítulo veinticinco – En la playa.

 

- En un momento de la cena te había quedado pensativa, medio adormilada que pensé que te habías dormido de verdad, pero luego reaccionaste – comentó Nicholas jugando con mi mano.

- Solo pensaba, tu evitas hablar sobre tus padres – comenté sin querer lastimarlo, sin querer que se pusiera triste. Lo observé ahora el era el que se había quedado duro sin pronunciar palabra ni si quiera parpadeaba.

- Parece que lo hago – dije triste. Bien hecho Charlie, lo lograste, ahora lo has puesto triste.

- Lo siento – me disculpe y pude ver caer de sus ojos unas pequeñas lágrimas de dolor. Llevé mi mano libre a ellas y las limpié suave.

- Gracias – dijo sonriendo como a mi me gustaba – sabes una cosa, en eso nos parecemos, tu tampoco hablas de tu padre, no se que paso con él.

- Te sorprenderá lo que te voy a decir pero la verdad e que yo tampoco se que fue de él. Cuando cumplí los doce años se marcho de casa y nunca más volví a verlo.

- ¿Ni una carta? – pregunte incrédulo.

- Nada – dije negando leve con la cabeza.

- Lo siento.

- No importa, fue hace mucho. Mejor olvidar.

- ¿Quieres contarme?

 

Pensé que cuando llegáramos a la playa nos pasaríamos todo el rato jugando en la orilla del agua y con la arena, pero no fue así. Ninguno de los dos estábamos de ánimos como para saltar en el agua. Nos habíamos quedado recostados sobre una manta, que Nicholas tenía en su auto, sobre la arena blanca de la playa. Estaba apoyada sobre su pecho pensando en la historia de la huida de mi padre, el estar junto a él me hacía bien, el dolor que sentía al recordar a ese ser, que no se podía llegar a llamar padre porque con el hecho de abandonar a una hija no se merece semejante nombre, no llegaba a formarse.

 

Sentí su mano jugar con mi cabello sobre mi espalda. Suspiré y me quede con la vista fija en el agua y las olas que se formaban. Me sentía muy bien. Y al parecer el también. El silencio del momento no era incomodo por lo que ninguno de los dos nos preocupábamos por llenarlo con palabras que no tendrían sentido en ese momento.

 

- ¿Quieres regresar? – me pregunto sin sacar la mano de mi espalda.

- No – dije cerrando los ojos y aforrándome más a su cintura.

 

Rió ante mi acción y no se movió. Lo único que hizo fue despegar la mano de mi espalda para poder alcanzarme mi bolso que estaba bajo su cabeza haciendo de almohada.

 

- Esta cosa esta vibrando – me informó y yo me erguí para buscar en cartera – ¿Qué es lo que tienes ahí que no lo encuentras?

- Solo un par de cosas.

- ¿Un par? – se calló al ver que yo sacaba mi celular de donde quiera que se escondía y atendí.

- Hola ma – saludé y escuche lo que me decía.

- ¿Dónde estas? – pregunto algo preocupada – ya es muy tarde.

- Estoy con Nicholas en la playa.

- ¿En la playa? ¿Pero que hacen allá? ¿Están locos? ¿Es media noche y todavía no regresas?

- ¡Madre! – le grité para que se callara un segundo y así podría explicarle - ¡Estamos bien!

 

Nicholas me pidió el celular para poder hablar el mismo con mi madre y poder arreglar las cosas. Hice esperar a mi madre y le tendí el aparato a él.

 

- Hola señora Fuxson, lamento no haber llevado a Charlie más temprano a casa pero ha surgido este plan en el camino y no hemos querido desperdiciar la oportunidad, prometo que en un par de horas Charlie estará en su cama… Si seguro… Claro no hay problema… Hasta luego – cerró mi aparato y me lo devolvió.

- ¿Y?

- No tienes horario de regreso y no te castigará.

- Perfecto.

 

Volví a recostarme sobre su pecho y ahí me quede durante largo rato sin moverme. Otra vez jugo con mi cabello, pero estaba termino con su mano sobre mi hombro y espalda desnuda, la parte que no estaba cubierta por la tela de mi vestido, eso me estremeció pero me gusto y no me quejé por ello. Él lo tomo como un permiso a seguir y bajo sus caricias hasta donde la espalda pierde el nombre y ahí si me tome el atrevimiento de retirar su mano.

 

- Lo siento – se disculpo sacando su mano de donde estaba y la apoyo sobre la manta que estaba bajo nuestro. Pero yo la busqué y me abracé con ella entrelazando nuestros dedos.

 

Capítulo veintiséis – Jornada de limpieza.

 

- Char – me llamó para despertarme.

- Mmm.....

- Tenemos que volver, han pasado dos horas.

- ¡Mi madre! – grité levantándome de golpe.

 

Rió y lo miré frunciendo el entre cejo. Me castigaría y no podría verlo por varios días.

 

- Ya le avisé, le puse que estábamos regresando en un mensaje.

- Gracias – dije sonriendo – a veces pienso que a tu lado paso más tiempo durmiendo que despierta.

- No me importa eso – dijo acercándose a mi y me beso – eres linda cuando duermes.

- Si pero no sé me da la impresión e que te aburres a mi lado – comenté.

- Eso nunca, si quieres hoy hacemos algo más divertido, ósea cuando salga el sol, a la tarde – sugirió.

- Seguro pero ahora volvamos antes de que mi madre nos mate a ambos.

 

- Nos vemos – se despidió de mí con un beso dulce y duradero. Mi madre hizo acto de presencia con una tos falsa desde de tras de la puerta por lo que me tuve que separar de Nicholas para dejarlo ir – te quiero – me susurró antes de irse.

- Yo a ti – dije y entré en mi casa y observé a mi madre.

- Espero que la próxima vez llegues más temprano – dije mirando su reloj – son las tres y media de la madrugada.

- Lo siento se me paso el tiempo – dije sincera.

- Esta bien, ve a dormir – se acercó y me dio un beso en la mejilla que no se comparaba con los de Nicholas.

 

Dormí tranquila, no sin sueños pero si sin pesadillas. Me encontraba en la playa acostada junto a un chico, feliz entre sus brazos. Era de día y disfrutaba del sueño, hasta que la luz del sol estuvo lo bastante alta como para despertarme. Abrí un ojo luego el otro e intenté acostumbrarme a la luz.

 

- Hoy me ayudarás a limpiar – dijo mi madre cuando abrí los ojos del todo. Guarde varías palabrotas que quería decirle y me escondí otra vez entre las sabanas – Eso te ganas por salir hasta tarde. En una hora te quiero abajo, lista para trabajar.

 

A veces deseaba que mi madre trabajara todos los días en la panadería sin descanso. Me levanté como pude y fui al baño, aunque sabía que luego de esa jornada de limpieza tendría que tomar una ducha, me preparé para darme una en ese momento ya que sentía arena por todo mi cuerpo, me había acostado como había llegado de mi cita con Nicholas y ahora me sentía sucia, estuve más de la cuenta dentro del agua, por lo que al salir tuve que apurarme para que mi madre no me retara. Me puse ropa cómoda y una bandana en la cabeza para no tener que por lo menos lavarme el pelo aunque sabía que eso sería imposible.

 

Bajé corriendo las escaleras cuando aún cuando faltaban un cuarto de hora para que se cumpliera el tiempo que mi madre me había dado, así que me preparé un café y me lo tomé rápido y la busqué por la casa.

 

- A sus órdenes – me paré frente a ella como un soldado y espere sus órdenes.

- Primero limpias los baños y luego el jardín y sin excusas – dijo antes de que me pusiera a chillar por los deberes que me había dado.

 

Caminé pesadamente al baño principal y comencé fregando la bañadera, a veces pensaba que porque en una casa de dos personas existían tres baños, con uno sería suficiente, pero luego cuando los necesitaba agradecía por ellos. Así que seguí limpiando casa superficie de ellos hasta que brillarán. Iba en dirección al jardín cuando sonó el timbre, corrí para abrir, era Nicholas. Me escondí tras la puerta para que no me viera en esas ropas.

 

- No te escondas que estas linda así – me atajó.

- ¿Qué hora es? - pregunte ya que habíamos arreglado para vernos en la tarde.

- Son las dos.

- ¡Argh! – me quejé porque había desperdiciado toda la mañana en limpiar un par de baños y todavía me quedaba el jardín – no puedo salir – le informé lamentándolo.

- Me quedaré – dijo poniendo un pie en mi casa.

- Estamos en jornada de limpieza – le avisé.

- Bueno mejor te ayudaré – cruzo la puerta y me saco de la mano la escoba que yo llevaba.

- Estoy hecha un desastre – sentí como en mi rostro se acumulaba toda la sangre de mi cuerpo.

- Eres hermosa – acarició mi mejilla – ¿Por dónde empiezo?

- Estaba por ir al jardín.

- Vamos – comenzó a caminar y se dio cuenta de que no sabía para donde ir. Me reí y me adelante.

- Yo te guío – caminé en dirección al jardín.

- Buenos días señora Fuxson – saludo Nicholas cuando cruzamos por la cocina.

- Buen día Nick – saludó mi mamá y nosotros seguimos de largo hasta mi jardín.

 

Capítulo veintisiete – El jardín.

 

Al ver el jardín me horrorice enseguida. El pasto estaba crecido casi hasta mi cintura. Hace cuánto que mi madre no lo cortaba. Un mes seguro camine unos pasos y me quedé quieta en donde comenzaba el césped, sin querer entrar por miedo a los bichos que encontraría en el lugar.

 

- ¿Quieres que yo lo corte? – me pregunto al ver mi cara.

- ¿De verdad? No deja lo haré yo.

- En serio, tú limpia el patio y yo corto el pasto. Deja que primero me ponga mi jogging – me mostró su bolso.

- Bueno y ¿Eso para qué era? – pregunte confundida.

- Nuestra tarde juntos pero hubo cambio de planes.

- Ah claro, bueno entra y desase el camino hecho, es la primera puerta junto a la escalera.

- No me perderé. 

 

Mientras lo esperaba llene un balde para baldear el patio. Tiré el agua y me arrepentí porque esta alcanzó los pies de alguien.

 

- ¡Ups! Lo siento – comencé a disculparme.

- Esta no te la dejo pasar – dijo Nicholas y me lanzó un poco de agua de la canilla que estaba abierta.

- ¡No! Mi peinado – me quejé riendo.

- ¿Cuál peinado? – pregunto jugando con su mano sobre mi cabeza.

- Ya veras – me defendí mojándolo aún más.

- Así no terminaran nunca – nos reto mi madre cuando salió de la casa para buscar más agua en su balde.

- Lo siento – dije yo y puse el balde en su lugar y comencé a limpiar el piso.

 

Nicholas corrió hacía la máquina para cortar el pasto y comenzó con su recorrido. El llevaba la mitad de su recorrido por nuestro amplio jardín cuando yo ya había terminado de limpiar el patio. Sin que se diera cuenta entre para preparar una jarra con limonada. Salí con una bandeja con la jarra, dos vasos llenos de jugo y un plato con dos sándwiches de jamón y queso.

 

- ¿Quieres? - le ofrecí después de llegar a su lado caminando por el césped recién cortado.

- Gracias – tomó uno vaso y un sándwich a la vez que se limpiaba el sudor de la frente con el dorso de la mano.

- Lamento hacerte trabajar – dije apenada, miré mi reloj eran las tres y media – ya se nos ha pasado toda la tarde.

- No me importa, es divertido – dijo el sonriendo – si me dejas media o un cuarto de hora más terminaré y podemos tomar un helado ¿Si?

- Seguro – salí del jardín y dejé en la mesa limpia la bandeja.

 

Limpié las ventanas y regué las flores mientras él terminaba con el pasto. Cuando finalicé junté todo el césped que el dejaba cuando pasaba con la máquina. Cuando terminamos era las cuatro y cuarenta y cinco de la tarde. Nos quedaba un rato para estar juntos.

 

- Al fin terminamos – dijo dejándose caer en el banco del jardín. Me senté sobre sus piernas.

- Gracias – sonreí y lo besé.

- Si ese es el premio, te ayudaré más seguido.

- ¿Todavía quieres ir por un helado?

- Claro – respondió besándome en la mejilla.

- Te presto mi baño ¿Quieres? Tú has dicho que tienes ropa de más.

- Si ¿Tu madre no tendrá problemas en que me duche acá?

- No, después de que has cortado su jardín, te lo debe. Yo usaré el de ella.

- Genial.

 

Tomé de mi habitación una pollera blanca cortita, una remera rosa claro y una camisa a juego. También ropa íntima y unos zapatos. Lo dejé a él en el baño de mi habitación y yo salí para usar el de mi madre.

 

Antes de entrar en su habitación, vi a Kristen subir por la escalera a mi cuarto, corrí a ella antes de que entrara.

 

- ¿Dónde has estado? – pregunte puesto que no la había visto en todo el día.

- Kimi ha pasado a buscarme temprano – comentó he intentó entrar otra vez en la habitación.

- No.

- ¿Qué escondes ahí?

- Nicholas se esta bañando.

- ¿¡Tienes a Nicholas en tu cuarto!? ¿Qué has hecho con él? – pregunto sonriéndome y me guiño un ojo.

- ¡No he hecho nada! – la callé para que no nos escucharan – me ayudo con la limpieza nada más. Ven – la guíe a la habitación de mi madre para así poder liarme – espera acá – la deje en la cama de mi madre con mi laptop así yo me bañaba tranquila.

 

Hice lo más rápido que pude. Me cambié y me sequé el pelo, acomodando mi flequillo.

 

- ¿Y ahora a dónde vas? Recuerda que esta noche salimos – me recordó.

- Solo tomaré un helado con Nicholas.

- No regreses tarde.

- No lo haré.

- Esta bien.

 

Cuando ya estaba lista salí de mi cuarto y lo busqué. Salimos en dirección a la heladería de la mano.

 

Capítulo veintiocho – Helados.

 

- Yo invito – avisé cuando llegué al mostrador de la heladería - ¿De qué lo quieres?

- Menta y vanilla.

- Ve y siéntate – salió del lugar y se sentó en un banco.

 

Pedí nuestros helados bastantes grandes y los pagué. Salí junto a él, me senté a su lado y le dí el suyo.

 

- Wow es enorme – dijo viendo el tamaño de su helado – has gastado toda tu mesada.

- No eres el único que gana su propia plata – le indiqué. El lugar era caro si, pero yo podía pagarlo.

- Déjame probar – pidió y le acerqué mi helado de chocolate blanco y limón. Tanto que apropósito manche su nariz.

- Que lindo – riendo se acercó a mi y limpió su nariz en mi mejilla – no – me intenté separar pero era tarde, tenía la cara con helado.

 

Cuando Nicholas estaba limpiando mi mejilla, con una servilleta, me fue imposible no verlo. Jerry entraba en la heladería cónsul primita Angy de la mano. Él también me había visto. Dejé de reírme al segundo y me quede dura. Me miró con expresión dolida. Volteé mi vista para que la mía no cambiara como la de él.

 

Al rato volvió a salir con un helado en su mano y otro en manos de su prima, ella me vio y me reconoció al instante, corrió hacía mi.

 

- Char – gritó la pequeña de unos cinco o seis años, ella venía casi todas las semanas a casad e Jerry a visitarlo.

- Hola Angy – le pasé mi helado a Nicholas que me miraba sorprendido y alcé a la niña de cabello rubio en mi regazo – que helado tan rico.

- Hola – saludó Jerry obligadamente al llegar a nuestro lado.

- Hola – respondimos a la vez con Nicholas.

- Angy creo que debemos regresar a casa – dijo Jerry a la niña.

- No – dijo ella abrazándome.

- Pequeña, no te puedes quedar conmigo – dije mirando a Jerry quien se acerco y sacó a Angy de mis brazos – nos veremos otro día ¿Si? – mentí a la pequeña de ojos celestes.

- Adiós – saludó Jerry con tristeza en su voz.

- Cau Char – saludó la niña y se marcho con su primo.

 

Tomé mi helado de sus manos y lo miré avergonzada.

 

- Es la primita de Jerry, vienen cada una o dos semanas, me conoce – expliqué. Lo miré a los ojos y reí.

- ¿Qué ocurre? – pregunto desconcertado.

- Tu nariz – se limpió automáticamente y saco el helado que yo le había dejado.

- Te crees divertida verdad.

- Si.

- Bueno yo también – con su mano libre me hizo cosquillas.

- No, cosquillas no, por favor – me retorcía por las cosquillas a la vez que hacía maniobras con mi helado para no dejarlo caer – vamos – una vez que dejó a un lado las cosquillas caminamos de en dirección a mi casa mientras terminábamos los helados.

- Creo que nos veremos mañana – sugirió.

- Mañana por la mañana trabajo en la panadería y por la tarde haré tareas.

- Bueno entonces será el lunes.

- Seguro – me alcé sobre mis pies para besarlo. Sujeto mi rostro entre sus manos y me besó con más pasión de la que yo esperaba.

- Wow – me separé tomando aire y me di cuenta de porque lo había hecho, Jerry nos miraba desde su puerta donde jugaba con Angy – Eres un idiota – le grité a Nicholas y entré en mi casa enojada.

- Hasta que llegas – mi amiga dejo a un lado su libro y  camino hacía mi – no pareces feliz.

- Es un tonto, me besó enfrente de Jerry  - le dije a mi amiga.

- ¿Y eso que tiene? – pregunto sin comprender.

- No quiero lastimarlo más

- Bueno eso no importa ahora, vamos a cambiarnos.

- ¿Qué hora es?

- Las siete y media.

 

Estábamos por subir las escaleras cuando el timbre sonó. Kristen corrió a atender era Kimi.

 

- Hola chicas – saludó – no saben con el bombón que me crucé recién de pelo negro y ojos gris claros.

- Ehm – Kristen me miró y luego a Kimi – es el novio de Charlie.

- No es mi novio.

- ¿Entonces qué es? – pregunto Kristen.

- Bueno, no lo sé.

- Esta bien, prometo no volver a mirarlo.

- Mejor – dije y subimos las escaleras a mi habitación.

- Cero chicos por esta noche – propuso Kristen.

- Perfecto cero chicos – agregué y cruzamos la puerta al paraíso de la belleza.

 

Capítulo veintiséis – Jornada de limpieza.

 

- Char – me llamó para despertarme.

- Mmm.....

- Tenemos que volver, han pasado dos horas.

- ¡Mi madre! – grité levantándome de golpe.

 

Rió y lo miré frunciendo el entre cejo. Me castigaría y no podría verlo por varios días.

 

- Ya le avisé, le puse que estábamos regresando en un mensaje.

- Gracias – dije sonriendo – a veces pienso que a tu lado paso más tiempo durmiendo que despierta.

- No me importa eso – dijo acercándose a mi y me beso – eres linda cuando duermes.

- Si pero no sé me da la impresión e que te aburres a mi lado – comenté.

- Eso nunca, si quieres hoy hacemos algo más divertido, ósea cuando salga el sol, a la tarde – sugirió.

- Seguro pero ahora volvamos antes de que mi madre nos mate a ambos.

 

- Nos vemos – se despidió de mí con un beso dulce y duradero. Mi madre hizo acto de presencia con una tos falsa desde de tras de la puerta por lo que me tuve que separar de Nicholas para dejarlo ir – te quiero – me susurró antes de irse.

- Yo a ti – dije y entré en mi casa y observé a mi madre.

- Espero que la próxima vez llegues más temprano – dije mirando su reloj – son las tres y media de la madrugada.

- Lo siento se me paso el tiempo – dije sincera.

- Esta bien, ve a dormir – se acercó y me dio un beso en la mejilla que no se comparaba con los de Nicholas.

 

Dormí tranquila, no sin sueños pero si sin pesadillas. Me encontraba en la playa acostada junto a un chico, feliz entre sus brazos. Era de día y disfrutaba del sueño, hasta que la luz del sol estuvo lo bastante alta como para despertarme. Abrí un ojo luego el otro e intenté acostumbrarme a la luz.

 

- Hoy me ayudarás a limpiar – dijo mi madre cuando abrí los ojos del todo. Guarde varías palabrotas que quería decirle y me escondí otra vez entre las sabanas – Eso te ganas por salir hasta tarde. En una hora te quiero abajo, lista para trabajar.

 

A veces deseaba que mi madre trabajara todos los días en la panadería sin descanso. Me levanté como pude y fui al baño, aunque sabía que luego de esa jornada de limpieza tendría que tomar una ducha, me preparé para darme una en ese momento ya que sentía arena por todo mi cuerpo, me había acostado como había llegado de mi cita con Nicholas y ahora me sentía sucia, estuve más de la cuenta dentro del agua, por lo que al salir tuve que apurarme para que mi madre no me retara. Me puse ropa cómoda y una bandana en la cabeza para no tener que por lo menos lavarme el pelo aunque sabía que eso sería imposible.

 

Bajé corriendo las escaleras cuando aún cuando faltaban un cuarto de hora para que se cumpliera el tiempo que mi madre me había dado, así que me preparé un café y me lo tomé rápido y la busqué por la casa.

 

- A sus órdenes – me paré frente a ella como un soldado y espere sus órdenes.

- Primero limpias los baños y luego el jardín y sin excusas – dijo antes de que me pusiera a chillar por los deberes que me había dado.

 

Caminé pesadamente al baño principal y comencé fregando la bañadera, a veces pensaba que porque en una casa de dos personas existían tres baños, con uno sería suficiente, pero luego cuando los necesitaba agradecía por ellos. Así que seguí limpiando casa superficie de ellos hasta que brillarán. Iba en dirección al jardín cuando sonó el timbre, corrí para abrir, era Nicholas. Me escondí tras la puerta para que no me viera en esas ropas.

 

- No te escondas que estas linda así – me atajó.

- ¿Qué hora es? - pregunte ya que habíamos arreglado para vernos en la tarde.

- Son las dos.

- ¡Argh! – me quejé porque había desperdiciado toda la mañana en limpiar un par de baños y todavía me quedaba el jardín – no puedo salir – le informé lamentándolo.

- Me quedaré – dijo poniendo un pie en mi casa.

- Estamos en jornada de limpieza – le avisé.

- Bueno mejor te ayudaré – cruzo la puerta y me saco de la mano la escoba que yo llevaba.

- Estoy hecha un desastre – sentí como en mi rostro se acumulaba toda la sangre de mi cuerpo.

- Eres hermosa – acarició mi mejilla – ¿Por dónde empiezo?

- Estaba por ir al jardín.

- Vamos – comenzó a caminar y se dio cuenta de que no sabía para donde ir. Me reí y me adelante.

- Yo te guío – caminé en dirección al jardín.

- Buenos días señora Fuxson – saludo Nicholas cuando cruzamos por la cocina.

- Buen día Nick – saludó mi mamá y nosotros seguimos de largo hasta mi jardín.

 

Capítulo veintinueve – Nada de hombres.

 

- ¿Qué hora es? – preguntó Kristen mientras buscaba ropa en su bolso.

- Son las siete y media – contestó Kimi desde mi cama donde también ella sacaba ropa.

- Tenemos hora y media para arreglarnos – puntualicé desde mi placard.

- ¿Suficiente para quedar más bellas de lo que somos? – bromeó Kristen.

- Suficiente – sonrió Kimi – ataquemos con las uñas primero.

 

Pasamos un rato decidiendo que color de uñar usar para combinar con la ropa que luego usaríamos. Una vez listas nuestras uñas seguimos con el maquillaje, a m no me gustaba mucho por lo que use poco. Pero ellas, si se pintaron y bastante.

Para el peinado me planche el pelo y después dejé que las chicas jugaran con el ya que no me molestaba que me hicieran cosas en la cabeza, me gustaba experimentar peinados nuevos.

 

Como no hacía frío, buscamos ropa liviana para usar. Me puse un short blanco. Una remera estampada negra y un saco gris sin mangas y largo enzima. Todo haciendo juego. Use unas sandalias con toca, negras. Me puse muchos collares y pulseras como siempre.

 

Las chicas se vistieron; Kimi casi como yo pero con una falda y de otro color. Y Kristen uso un vestido, cortito para lucir sus perfectas y largas piernas.

 

Terminamos de arreglarnos media hora antes de la que habíamos arreglamos para salir por lo que pudimos arreglar nuestras carteras. Cosa que a las chicas nos toma bastante tiempo porque nunca nada es suficiente y una valija es mucho. Así que solo llevamos nuestros teléfonos y una cámara de fotos. Porque no queríamos cargar con cosas, solo queríamos divertirnos.

 

Salimos a las nueve en punto, fuimos en el auto de Kimi, en realidad era de su padre pero como ella tenía el carné, él la dejaba conducir con dos requisitos, que vuelva entero y sin ninguna infracción.

 

Gracias a ella antes con mi amigo, con Jerry, porque parecía que ya no era mi amigo, podíamos hacer viajes. Nos divertíamos mucho juntos y sin destruir su auto.

 

Llegamos al boliche justo cuando la gente empezaba a entrar. Nos tomamos nuestro tiempo para estacionar pues no queríamos se las primeras en entrar, así que cuando decidimos que el auto estaba seguro, caminamos al salón.

 

La fila para entrar estaba bastante larga, cuando llegamos nos acomodamos tras un grupo de chicas de nuestra edad y esperamos mientras charlábamos. Llego nuestro turno y entramos. Era la primera vez que Kristen visitaba ese lugar, por lo que fue más divertido ya que le hicimos un tour de visita por el boliche.

 

Nos acercamos a la barra y pedimos tres bebidas sin alcohol, ya que habíamos aprendido que se disfruta más de una fiesta cuando uno esta conciente de lo que hace. Por lo que nos convenía de beber nada.

 

A Kristen ya la habían invitado a bailar un par de veces pero ella se negó siempre, ya que era una noche solo para chicas. Ella disfrutaba rechazando chicos porque le parecía divertido.

 

Con Kimi no pensábamos así, nos daba un poco de pena decir que no a los chicos. Pero en verdad tenía que hacerlo pues como había dicho Kristen yo tenía novio y no quería serle infiel ni con unos días juntos ni nunca, ese era mi concepto de estar enamorada.

 

Yo sabía que cuando llegaba el momento de sentir algo fuerte por alguien lo notaría, pero nunca tuve aviso alguno de cómo iba a ser, ni cuando pasaría y ahora que se que paso la verdad no se como me tengo que sentir, supongo que en las nubes por estar enamorada. Pero ¿En verdad lo estoy?

Capítulo treinta – Arrepentirme.

 

- ¡Voy al baño! – grité a mis amigas intentando comunicarme a través de la música.

 

Me separe de ellas y las dejé bailando entre la multitud. Me abrí paso entre la gente y logré llegar a los baños, por un pasillo, el cual también estaba alborotado de gente. En realidad parejas que parecían comerse unos a los otros sin importar que los vieran.

 

Entré en el baño de mujeres que estaba vacío y me metí en un cubículo. Sentí como otra persona entraba al baño y lo trababa, pensé que sería la mujer de la limpieza.

 

Pero cuando salí no me encontré con la mujer que pasa a cada rato para limpiar un poco si no con Jerry, mi amigo, que hasta donde yo sabía el no trabajaba de conserje.

 

- ¿Qué haces? – le interrogué alzando las cejas sin comprender nada. Se acerco a mi, obligándome a retroceder conforme el se acercaba termino por acorralarme contra la pared.

- Shh... – me calló, apoyó una de sus manos en la pared justo al lado e mi cabeza y con la otra corrió mi cabello, acariciando mi mejilla – quiero recuperarte – susurró antes de pegar sus labios a los míos.

 

Me convertí en una estatua al sentir el contacto, eso no estaba pasando, no podía pasar. Era imposible, de seguro que estaba dormida. Me había sentado en el pequeño living del boliche y me había dormido era la única opción ya que Jerry no sabía donde estaríamos.

 

Tanto lo deseaba que ahora soñaba con él, tenía que despertar. Un novio me esperaba en casa. Lo empujé por el pecho para separarlo pero me agarró por las muñecas e insistió en besarme. Yo no quería responderle. No podía. No debía. Él ya no pertenecía a mi vida.

 

- ¡Suéltame Jerry! – casi grité, evitando sus besos.

- Char… - suplicó posando sus manos con las mías en mi cintura.

- Gritaré – amenacé.

 

Dejó caer mis manos pero no se aparto, subió otra vez a mi mejilla y me acarició Sueve. Giré mi rostro y él me acompaño con la mano.

 

- Mírame – intentó girar mi vista – te amo Charlie – confesó mirándome a los ojos. Sus ojos color miel parecían sinceros, más sinceros que nunca, eran puros. Como los que yo había conocido antes. Los que a mi me gustaban.

- Quiero salir – pedí sin moverme.

 

Volvió a besarme, esperando a que yo respondiera. No lo iba a hacer, no quería moverme, no quería negarme y tampoco responder, solo quería que él se fuera.

 

- Se lo que sientes – volví a enfocar su iris en mi. Supliqué con la mirada que me dejara marchar. Pero no lo hizo, espero.

 

Tenía toda la razón del mundo, yo lo amaba. Más de lo que imaginaba, siempre lo había amado y siempre lo había sabido. Pero ya era tarde para asumirlo, yo estaba con Nicholas y no podía engañarlo o dejarlo o algo parecido. ¿Qué debía hacer? No lo sabía.

 

- Tu me quieres tanto como yo a ti – puntualizó y no me negué – vez tengo razón – yo solo lo miraba a los ojos, esperando para salir – Charlie, mírame a los ojos y dime que no me amas y que no me quieres ver más y yo te dejaré tranquila con Nicholas.

- No puedo – dije al fin. Esa era la verdad, no podía separarme de él.

 

Sonrío ante mi respuesta, era lo que él esperaba una afirmación a lo que yo sentía. Ahora como podía negarme a algo, si ya lo había dejado en claro. Yo lo amaba. ¿Me pasaba lo mismo con Nicholas?

 

Otra vez enfocó mi rostro para que quedara a la altura de sus ojos y poder ver los míos. Se quedó inmóvil durante unos minutos, esperaba que yo saliera corriendo, cosa que ahora no haría. Me dejé caer contra la pared sobre el piso. Se acomodo a mi lado y tomo mi mano. No intenté separarme.

 

- Esto es imposible – dije en un susurro, dejé caer mi cabeza contra la pared y cerré los ojos.

- Esto es lo que yo quería.

- Ahora no se que voy a hacer – dije en voz alta, no tenía que haberlo hecho.

- No te puedo obligar a decidir entre alguno de los ojos, porque eso sería injusto pero en algún momento tendrás que decidir. Aunque yo te esperaré siempre.

 

Acarició mi mano, haciendo dibujos en ella con su pulgar. Abrí un ojo y ladeé la cabeza para poder mirarlo, sin que el se diera cuenta. Parecía feliz, muy feliz. Y la verdad yo también lo estaba. Había pensado que si esto pasaba, estaría arrepintiéndome toda la vida, pero no iba a ser así.

 

Capítulo treintiuno - Todo sigue igual.

 

- ¿Dónde estabas? – pregunto Kristen, cuando al fin las encontré en la barra bebiendo jugo.

- Me quedé encerrada en el baño, hasta que una chica me pudo sacar – mentí.

 

No quería contarles a ellas lo que había pasado, no ahora. Me senté junto a ella y pedí un jugo también. Espere que pasara un rato para decirles que me quería ir, pero Kimi me gano de mano.

 

- Debemos regresar, mi padre no me da horario pero mejor no llegar tarde para que me lo preste en unos días.

- Mejor así podemos salir después – dije yo y me levante para ir a la salida.

 

- ¿Te quedas a dormir? – pregunte a Kimi en el camino a casa.

- No, regresaré a casa. Tengo todo en el auto – informó.

- Entonces nos vemos el lunes – la saludé y baje del auto.

- Espero nos veamos antes de que te vayas – escuche decir a Kimi.

- Si nos juntaremos uno de estos días.

 

Kimi se fue y nosotras entramos en la casa, en silencio porque mi madre dormía. Pasamos por la cocina para comer algo, ya que después de haber bailado toda la noche, el apetito nos había llagado. Y subimos a mi habitación. Kristen prendió mi laptop, para pasar las pocas fotos que habíamos tomado, mientras yo sacaba de debajo de mi cama la suya y la preparaba, la subí hasta ponerla de mi altura y la arreglé.

 

Me cambié la ropa por el pijama y me escabullí al baño para quitarme el maquillaje y despeinarme. Volví y me metí entre las sabanas. Ella hizo lo mismo. Y se acostó a mi lado.

 

- Ahora, bien, cuéntame que ocurrió en el baño.

- Ya te conté lo que paso.

- No me mientas, yo lo vi.

 

Empalidecí cuando dijo eso y yo que pensaba que podía tener un secreto para mi sola, nunca iba a poder, siempre tenía que haber alguien que supiera todo.

 

- Paso lo que yo no quería que pase.

- ¿¡Lo besaste!?

- ¡No! – grité contradiciéndola – el a mi.

- ¡Es lo mismo!

- No le respondí nunca.

- ¿Pero paso algo más?

- No.

- ¿Qué le dijiste?

- Quedo entendido que lo amo – conté espació esperando su reacción.

- ¡¡Estas loca!! – me gritó - ¿Y Nicholas?

- Pero todo sigue igual – informé.

- Seguro. Amiga, yo el miércoles me marcho a mi país y no voy a poder ayudarte más.

- Lo sé.

 

Cerré los ojos para intentar dormir, pero el sueño no venía, solo tenía las imágenes de lo último ocurrido en mi cabeza y no había nada más.

Jerry, Jerry y más Jerry. Era en lo único que podía pensar ¿Qué podía hacer ahora? No me quedaba otra. Ya nos habíamos arreglado, a medias. Pero había un pequeño inconveniente: Nicholas.

 

Nicholas, ahora tenía dos caras en mi mente. Dos rostros hermosos, dulces y tiernos. Que me observaban. Como había ocurrido noches atrás. Abrí los ojos, miré a Kristen, ya estaba durmiendo. Quería hacer lo mismo ya que algunos decían que cuando consultas las ideas con la almohada se aclara todo. No lo creía posible pero lo intentaría.

 

Busqué en mi estante a mi peluche Federico y lo abracé fuerte, acomodándome sobre mi costado para dormir. Cerré los ojos y me concentre en imaginar todo en negro sin que ninguna imagen trajera los recuerdos que yo quería dejar de lado.

 

Ahora estaba perdida en un bosque, me encontraba en la oscuridad. Sin nadie a quien seguir, sin nadie que me guíe para poder salir de aquel lugar. No tenía una guía. No tenía una luz. No tenía nada.

 

Capítulo treintidos – Olvidar.

 

- ¡Charlie arriba! – me despertó mi madre el domingo por la mañana temprano – te espero abajo.

- Kristen, te quedas o me vienes a ayudar – le pregunte bostezando a mi amiga a la vez que ka zamarreaba suave al hombro – Kristen.

- ¿Ehm?

- ¿Vienes? Voy al trabajo.

- Si – respondió a duras penas, seguía dormida, le tiré una almohada. Se sobresalto y saltó de la cama.

- Levántate y vestiste – me levanté, me aseé y me cambié.

 

Mientras ella se preparaba yo arreglé mi habitación. Tendí las camas. Junté la ropa que estaba tirada por el piso y la ordené en el placard o la apilé para lavar. No me había detenido a observar la ventana en mucho tiempo, la verdad. Las flores que Nicholas me había obsequiado estaban caídas y negras. Habían muerto, cómo las había podido olvidar así.

 

¿Habría pasado lo mismo con quien me las obsequió la noche anterior? ¿Me habría olvidado de él al estar con Jerry? Si, eso había pasado lo había olvidado por completo, como a las flores.

 

Lo que había hecho con Nicholas había sido reemplazarlo por Jerry, con las flores podría hacer lo mismo, para que estén sanas y relucientes, llenas de vida, pero no serían las mismas. Nuera sería lo mismo. Yo ya había jugado mis cartas y ahora tenía que aguantarme lo que fuera.

 

Yo había elegido las flores, aunque ahora estén marchitas yo las quería y ahora tenía que vivir con eso. Las quité del florero y las arrojé a la basura.

 

¿Qué ves?- pregunto Kristen, me di la vuelta y la tenía mirándome desde el baño, yo me encontraba observando las flores con mirada ausente.

- Ehm, nada – caminé rápidamente a ella y la tomé del brazo – vamos – agarré mi bolso y salimos.

 

- Tienen que limpiar las heladeras – dije mi madre en cuanto llegamos al local – quiten las comidas y límpienlas.

 

Comenzamos el trabajo de mala gana, ya que estábamos muy dormidas por el baile de la noche anterior, no tendríamos que haber salido, pero era el único día que tenía para poder estar con Kristen, en la semana tenía escuela y el miércoles ella se iría otra vez y no tenía idea cunado regresaría, capaz que pronto, capaz que nunca. Y por eso no quería desperdiciar mi tiempo, quería pasarlo con ella.

 

- ¡Jerry! – la escuché gritar y me di la vuelta dejando caer el trapo que tenía en la mano, pero qué hacía él ahí, no podía ser. Y ahora que iba a hacer.

- Hola, chicas – saludó sonriendo y me miró – vine para hablar contigo – explicó.

- Ehm... ¿Conmigo? No puedo, estoy trabajando – intente escaparme pero no lo logré, Kristen no me ayudo.

- Yo puedo seguir sola, ve con él.

- Vamos atrás – dijo él y caminamos a la parte trasera del local donde no estaba mi madre, por suerte.

- ¿Qué pasa? – le pregunte observándolo, tenía mi mano sujetada con fuerza, seguro pensaba que me escaparía.

- ¿Tu estas con Nicholas verdad?

 

Lo miré sin responder, es que no era obvio que yo estaba saliendo con él, nos había visto el día anterior en la heladería, como si no fuera suficiente.

 

- Bueno creo que es un si, ¿pero de verdad le amas? – pregunto a lo que yo bajé la mirada para no encontrarme con sus ojos. Si le amaba pero no de la misma manera que a él, no podía admitirlo – dime algo.

- Tengo que trabajar – tiré de mi mano y me zafé, estaba apunto de salir de allí atrás pero Kristen gritó:

- ¡Nicholas! ¿Qué haces acá? – pregunto lo bastante alto como para que nosotros escucháramos desde donde estábamos.

 

Miré a Jerry, asustada. Nicholas no debía saber que Jerry estaba ahí, qué pensaría. Tenía que esconderlo como fuera. Me moví muy deprisa por lo que tiré un montón de cubiertos que había sobre una mesa, ellos escucharon el ruido.

 

- ¿Charlie? – pregunto él, a lo que estuve a punto de gritar pero Jerry me tapo la boca con la mano para que no saliera el sonido y me arrastro más al fondo donde se supone que nadie entra.

- ¡Shh! – me calló Jerry después de que yo quisiera decir algo.

- ¿Char? – pregunto otra vez Nicholas, el cual ya había cruzado el límite que marcaba el mostrador de la tienda - ¿Estas?

 

Es que tampoco convincentes eran las mentiras de Kristen que Nicholas no le había creído y ahora me buscaba por su cuenta, no quería viera así. Jerry me aplastaba con cuerpo y todo, detrás de un mueble, donde ninguna explicación bastaría para aclarar lo que se veía. Tenía su rostro a unos centímetros del mío y a él no parecía preocuparle para nada, pero a mi si. En algunos momentos imaginaba que la magia podría servir para algo si fuera real, quería que Jerry se esfumara solo por un momento.

 

Capítulo treinta y cinco – Mentiras.

 

- ¡Char… lie! – mi amiga estaba entrando a mi habitación, cuando se detuve completamente al vernos.

 

Jerry estaba abajo mío y yo sobre él, besándonos. La escena no era muy comprometedora pero al no ser mi novio el chico que estaba ahí si lo era.

 

Jerry tenía la mano en donde la espalda pierde su nombre y lo jugaba con su pelo. Me detuve al ver a mi amiga, la cual salio rápidamente y cerro la puerta tras ella.

 

- No, Nicholas, no esta acá! – gritó bastante alto y comprendí porque había salido y cerrado la puerta ¡Estaba Nicholas abajo!

 

- ¡Movete! – le grité a Jerry y me solté de sus brazos, me levante rápidamente y acomodé mi ropa, salí de mi habitación dejando a Jerry ahí y corrí escaleras abajo – lo siento estaba en la habitación de mi madre – dije totalmente nerviosa.

- Ah – dijo Kristen.

- Hola amor – saludo Nicholas y camino hacía a mí.

- Hola otra vez – lo saludé con un beso – has estado comiendo chicle de menta ¿no? – pregunto bromeando.

- Si - mentí, ya que yo no era la del sabor a menta, sino Jerry.

- ¿Qué hacías por acá? – pregunte mirando a mi amiga, para que se le ocurriera algo.

- Me la crucé cuando ella venía – dijo él mirando a mi amiga también.

- Si, es que Kimi estaba con trabajos también – respondió rápidamente ella.

- Me imagino – dije ya que yo también tenía muchos, pero ese día no había terminado ninguno - ¿Quieres salir? – pregunte a Nicholas.

- Si, ¿pero tus trabajos?

- Los terminare luego. Vamos a la plaza por un rato aunque sea.

- Bueno, espero afuera.

 

Me acerqué a Kristen para susurrarle sin que Nicholas escuche, no quería tener problemas y tenía que hacer que Jerry saliera de casa.

 

- Sácalo de aquí y dile que lo llamo luego – salí de mi casa, camine hasta Nicholas y tomé su mano suave – vamos.

 

- Vamos allí – tiró de mi para ir junto unos árboles que daban sombra en la plaza. Se recostó junto al árbol, llevándome con él.

 

Lo seguí sin decir nada. Me sentía de lo peor, lo estaba engañando y con mi mejor amigo. Debía terminar con él cuanto antes pero como hacerlo si era tan lindo.

 

Me recosté contra su pecho, entrelacé nuestros dedos y cerré los ojos. Me gustaba estar con él así. Es genial. Muy placentero, pero no se puede vivir la vida engañando a la gente.

 

Ese día no le diría nada, iba a esperar unos días. Ahora me sentía bien entre sus brazos.

 

- ¿Estas cansada, no? – acarició mi cintura.

- Un poco, nada más – en verdad tenía mucho sueño.

- Descansa – tarareó una canción que hizo que me adormilara.

 

Paso un rato y yo seguía media dormida allí junto a su pecho.

 

- ¿Estas durmiendo? – pregunto acariciando mi mejilla.

- No respondí, abrí un ojo y lo miré-

- ¿Quieres volver?

- Como quieras.

- Si mejor regresas que mañana tienes instituto.

 

Me levanté como pude ya que estaba casi dormida. Él me ayudo a llegar a mi casa, subí a mi habitación y él se quedo charlando con Kristen. Quería dormir un rato antes de seguir con la tarea, para el día siguiente. Y en ese momento no tenía ganas de conversar, no quería decir más mentiras.

Capítulo treinta y siete – Es real.

 

- Vamos – Jerry tiro de mí para levantarme del piso del muelle donde yo no dejaba de llorar.

 

No podía levantarme, no tenía fuerzas para hacerlo, quería quedarme allí para siempre. Llorando por mí amiga. Recordando los momentos que había vivido con ella, fingiendo que nada había pasado, que no la había visto con Nicholas. Pero no era verdad. Todo lo que veía en mi mente si había pasado.

 

- ¡Charlie! – la escuche gritar mi nombre y cerré fuertemente los ojos tapándome las orejas con las manos. No quería ni verla, ni escucharla.

- Déjala Kristen – me defendió Jerry – vete.

- Charlie, escúchame por favor.

- Lalalalala – negaba con la cabeza pretendiendo que estaba sola

- Kristen ándate, por favor – Jerry me aprisiono más contra sus brazos y no me moví.

- Char... – comenzó a decir Nicholas y tapé más fuerte mis oídos.

- Vamos Charlie – dijo Jerry se levantó, me ayudo y me levanté con él.

 

Volvimos caminando al auto dejando atrás a Nicholas y a Kristen. No me volví para verlos. No quería pensar más en ellos.

 

No se como llegue a mi casa, donde mi madre me recibió con un montón de preguntas a las que yo no respondí y Jerry igual, ella nos dejó y yo fui directo a mi habitación. Me dejé caer sobre la cama y me largué a llorar otra vez, él se quedo a mi lado, me contuvo, no dijo nada solo me escucho llorar.

 

Que iba a decir, si acababa de ver a nuestra mejor amiga besando a mi novio. Era imposible de pensar que ella pudiera estar haciendo algo así, nunca me había mentido, nunca me había traicionado pero ahora si, ahora había cambiado mi mirada sobre ella.

 

Ya no la vería como mi mejor amiga, en la que siempre podría confiar, a la que pediría ayuda cuando la necesitase. Ya no. No se cuanto tiempo estuve llorando sobre Jerry, porque me dormir. Y las pesadillas me invadieron, pesadillas que me decían que yo tenía la culpa, por haber estado con los dichos a la vez, porque haberle mentido a Nicholas, pesadillas en las que Kristen se reía de mí una y otra vez y no me dejaba en paz.

 

Seguí llorando en el sueño, seguí lamentándome en el sueño. No sedé de pensar en lo que había pasado en toda la noche. Sonó mi alarma  del celular y me levanté asustada y con las lágrimas todavía saliendo de  mis ojos y Jerry a mi lado, dormido. Lo desperté suavemente llamándolo despacio mientras lo sacudía por el hombro.

 

- Jay… tienes que ir a tu casa a cambiarte, tenemos escuela – lo llamé limpiando mis mejillas. No podía dejar de vivir la vida por la culpa de alguien. No iba a dejar que por ellos mi vida terminase iba a seguir a delante pretendiendo que nada había pasado. Abrió los ojos al escucharme y me observo

- ¿Cómo estas? – pregunto acariciando mi mejilla.

- Como puedo – respondí levantándome y el salto de la cama.

- Lo siento se disculpo – por lo que me acerqué a él y lo abracé.

– No es tu culpa, tu nunca tuviste la culpa – enterré la cabeza en su pecho. Me abrazó fuertemente por un rato hasta que me separe – vete.

- Te esperare en tu puerta - me informó y se fue.

 

Me higienicé y cambié sin ánimos de nada. No tenía ganas de ir al colegio, no tenía ganas de estar levantada, no tenía ganas de seguir, pero nunca me deje caer.

 

Como pude logré salir de mi casa ya sin derramar lágrimas por ellos. No iban a merecer mis lágrimas. Jerry tomo mi mano y caminamos en silencio hasta el instituto. La mañana paso lenta, no preste atención en ninguna materia, solo entregué el trabajo de literatura y de historia, sin comprender nada de lo que ellos profesores habían dicho durante esas horas. Estaba absorta. Esta perdida en mi mente. Solo escuchando las voces que me decían que nada había pasado que yo estaba imaginando todo, pero yo sabía perfectamente que lo que había visto era real y yo no imaginaba.

Capítulo cuarenta – Mi propio cuento de hadas.

 

- Charlie – Jerry me llamó y observó mi expresión, entendí su mirada, él quería una explicación de lo que estaba pasando. Pero lo que sucedía no lo podía explicar con palabras.

- No sé Jerry, solo paso, no lo puedo explicar.

 

No comprendía como había sucedido, que ahora él estaba tomado de mi mano frente a Nicholas, el chico que hace un día había sido mi novio.

 

Y ese chico ahora estaba abrazado a mi mejor amiga y nadie se peleaba ni se gritaba. Parecía que la estabilidad de las relaciones que se veían estaban formadas de hace años pero no era así. Eran unas relaciones de minutos, horas y apenas un día.

 

Yo nunca había imaginado que algo así podía pasar. No lo entendía y nunca lo comprendería. Era imposible de entender. Como en menos de dos semanas una se podía enamorar de alguien y al mismo tiempo de su mejor amigo. Era fuera de lo común.

 

Nunca me había enamorado y cuando pasaba, pasaba al máximo, no sentía amor por una sola persona si no por dos. Era ilógico. Pero era algo que había pasado y ahora si creía en ello. Y sabía que solo era confusión que no se puede amar de la misma manera a dos personas. Nunca se ama con la misma intensidad. Uno piensa que es así pero no, uno sabe muy bien a quien ama y a quien solo quiere por sentir aprecio por la persona y estar confundido. Una misma se da cuenta de cómo las cosas tienen que ser, sabe lo que tiene que hacer, pero no lo hace por temor a equivocarse. Eso era lo que había hecho yo, en un momento de debilidad había buscado apoyo en otra persona. Creyendo que estaba enamorada de ese chico. Pensando que Nicholas sería el amor de mi vida, pero no era así. Lo que había pasado era que al sentir que perdía a Jerry busqué en alguien más lo que él no podía ofrecerme. Pero ahora se bien que él si me corresponde.

 

Se que lo que sentía por Nicholas no cambiara, pero tampoco será tan fuerte como lo que me pasa con Jerry, lo que siempre me paso con Jerry, algo que nunca supe ver y que ahora salía a la superficie y no solo yo lo podía notar si no que ellos lo veían. Como había dicho Nicholas en la tarde, el se había dado cuenta de cuanto amaba a Jerry con tan solo mirar mis ojos.

 

Y ahora yo me daba cuenta que los ojos marrones de mi mejor amiga, tenía ese brillo, el brillo que demuestra cuanto se quiere a alguien, ese brillo que dice que uno esta enamorado, Kristen estaba enamorada de Nicholas y eso era fácil de darse cuenta, era mi mejor amiga y estábamos conectadas, hasta el punto de saber como se siente la otra. Ahora yo sabía perfectamente que no era yo la que quería a Nicholas si no ella.

 

No me molestaba verlos tomados de las manos, sentados el uno junto al otro en el sillón de mi living, demostrándose cariño. Si la situación hubiese sido otra si me molestaría, pero ahora no.

 

Estaba feliz de que ella se encontrara a gusto con él y a la vez me sentía mal al recordar que en un par de días la volvería a perder, como había pasado hace un año atrás.

 

También sentía que nada podía estar mejor, tenía los brazos de Jerry rodeándome por la cintura y su mejilla pegada a la mía, mientras me decía cuanto me quería, después de haber pasado toda la infancia y la adolescencia juntos sentía que lo conocía por demás, sentía que estaba hecho para mi, que era la parte de mí que siempre había estado buscando, era lo que yo había deseado, mi príncipe azul, el que alguna vez había imaginado, no había llegado con su corcel blanco, pero había aparecido, como si el sapo que siempre había sido mi mejor amigo, había despertado de su encanto para quedarse a mi lado y nunca irse. Sabía que mi vida había cambiado para siempre y para mejor. Que nunca podría pedir nada más porque ya tenía todo lo que podría necesitar. Todo lo que uno quiere es poco en comparación con lo que tiene, uno no puede pedir el cielo cuando ya lo tiene, no puede pedir que se bajen las estrellas cuando la noche ya es de uno. Así como una no puede pedir que un príncipe la rescate con su caballo blanco, cuando el príncipe siempre había estado a su lado.

 

Este parecía mi propio cuento de hadas, el que en algún momento había pasado a ser una historia de terror, había cambiado mágicamente para convertirse, en mi propia novela.

 

Mi novela real, estaba con mi novio sentada en mi casa, abrazada a él disfrutando del amor que nos rodeaba, enfrente de Kristen y Nicholas, mi mejor amiga y el chico que había pasado de ser un desconocido a mi novio y de eso a un amigo más, un amigo que nunca olvidaría. Y ambas parejas estábamos contentas de saber que ahora no tendríamos que elegir entre el amor o la amistad. Nunca más tendríamos la duda que nos perjudicaría en el fututo, esa elección ya la habíamos hecho y sabíamos que habíamos elegido lo correcto.

Epílogo.

 

- ¡Charlie! ¡Me mudare de vuelta allá! – gritó Kristen en el teléfono desde su casa, desde su país.

- ¿De verdad? ¡Ay! ¡Kristen que alegría! – dije dando saltitos en mi habitación.

 

Mi novio y mi nuevo mejor amigo, Jerry y Nicholas me miraban sin entender, el porque de mi alegría repentina, se reían de mi, pero eso no importaba, ahora ella estaría conmigo para siempre.

 

- ¡Kristen vendrá a vivir acá! – les grité sin separar el aparato de mi oreja - ¿Pero cómo paso?

- A mi padre lo trasfirieron allí, nos mudamos en menos de un mes.

- ¡Siii!

 

Grité feliz, estaba demasiado contenta como para expresarlo en palabras. Había pasado dos meses desde que Kristen había regresado a su casa, con su familia, había pasado dos meses desde que yo estaba con Jerry, dos meses desde que ella se había marchado dejando a su novio acá con nosotros. Y ahora pasaría menos de un mes para que ella regresara y se quedara para siempre, junto a nosotros. Solo era cuestión de tiempo, para que las cosas vuelvan a ser como antes, cuando ella y yo estábamos juntas, cuando nadie nos separaba, pero con la única diferencia que ahora el amor, también nos acompañaba.